martes, 22 de junio de 2010

My best friend

Existe una costumbre en mi casa, nunca es mencionada, nunca fue enseñada a ninguno de sus habitantes, pero es tan real como la costumbre de respirar; dicha costumbre es bastante sencilla, no se hacen visitas entre las siete y las diez de la noche. Ni siquiera es necesario cerrar la puerta con llave durante esas tres horas, ni poner candado en las rejas exteriores, durante ese tiempo, como si la casa necesitara descansar del mundo, nadie nos recuerda, no suena el telefono ni los celulares, nadie toca al timbre, no llegan los mormones a ofrecernos la salvación, ni los testigos de Jehova a decirnos que los leones serán vegetarianos cuando nuestro señor Jesus regrese a la tierra. Nunca se ha hablado de esa costumbre más que dentro de la casa, como un pie de pagina curioso para la historia de mi familia. Si en este momento hablo de ella públicamente es porque fue rota por la visita de mi mejor amigo.

Mi mejor amigo se llama Julian, y no es realmente mi mejor amigo, quizás lo fue en algún momento de mi niñez, tal vez intercambiabamos juegos y nos hicimos amigos entonces; es posible incluso que lo haya conocido en alguno de los muchos cursos que he hecho en mi vida, tal vez fuimos los integrantes del algun grupo de musica rock que escuchaba en silencio y con devoción religiosa "Don't Let me Down" de The Beatles. Tal vez nos hicimos amigos en un curso de pintura mientras practicabamos dibujar al otro —con una cierta devoción casi erótica—. Lo cierto es que cuando lo vi no lo recordé, y ahora, despues de la larga conversación que sostuvimos ayer, tengo la sensación de haberlo conocido antes, o haber olido antes su mezcla de sudor y colonia barata, pero no puedo relacionar su rostro o su olor a ningun momento de mi vida.

Él presionó el botón del timbre a eso de las ocho y media. El timbre de mi casa es bastante antiguo, consiste en una campana al que la corriente convierte en un electroiman, y un martillo que la golpea de manera repetida gracias a una serie de pequeños milagros electronicos. Cuando el martillo golpeó la campana, ésta repicó casi como quejandose, y yo me quedé inmovil viendo a la leche subir en la olla sin saber exactamente como reaccionar; baste con decir que algo de la leche se derramó sobre las hornillas de la estufa, y que un poco palido, más por el timbre que por la leche, me asomé para ver al visitante.

Julian tiene el cabello negro, liso, brillante y grasoso. Se peina hacia los lados, pero cada vez que asentía o negaba con la cabeza tenía que recolocarse el pelo atras de la oreja, porque le tapaba los ojos. Ayer vestía una camisa de un color amarillo muy palido, que sospecho solía ser blanca. Usaba un pantalon cafe y zapatos negros brillantes a pesar del polvo que debieron adquirir en la calle. Tal vez tenía medias puestas, y estaba sudando a pesar de que la noche estaba fresca. Tenía una maleta negra en la mano derecha. No lo reconocí, pero sentí inmediatamente por él una especie de cariño calido que provoco que mis ojos se aguaran cuando él dijo mi nombre.

Es extraño recibir visitas a esta hora —le dije. Vengo... bueno, eh... veras, es que... estoy como necesitado de dinero, money, currency, tu sabes como es mi situacion, y me acordé de que... bueno... este... mmm, a ti te gustan los libros ¿cierto?. Asentí, y el hizo lo mismo de forma repetida. ¿Recuerdas a mi padre? Claro, claro como no vas a recordarlo con lo que él te apreciaba. Él murió hace poco. Lo siento—dije sinceramente, algo en ese padre me parecia familiar. Claro, claro que lo sientes, tal vez si quieres podrías ir a visitarlo, fue enterrado con su primera esposa, no mi madre, tu sabes como son estas cosas, tal vez ella tambien sea enterrada allí algún día. Podrías ir, si recuerdas donde es, ¿cierto?. Asentí. Julian puso la maleta en el piso y se agachó al lado. Mira, estos son libros, eran de mi padre... de verdad necesito el dinero, y tu lees mucho, me alegra que sigas viviendo aquí, no puedo creerlo, han pasado cuanto... muchos años, desde... bueno, tu te acordaras mejor que yo, recuerdo que a veces me quedaba aqui a dormir. Aqui vivian tus abuelos, ¿no es cierto?. Aun viven —dije—. Claro, claro, si no por qué conservarían esta casa, es bonita, ¿han intentado venderla? de verdad me apena tener que vender estos libros, pero quedarían en buenas manos, mira éste por ejemplo, este ejemplar de las mil y una noche es como bonito cierto, a mi me han ofrecido comprarmelo, pero preferiría vendertelo a ti, sería como que quedara en la familia, tu sabes como son estas cosas, que a mi no me gustan muchos los libros pero eran de mi padre y eso les dan un valor, ¿Como cuanto me ofreces? No te estoy diciendo que tengas que comprarmelo, solo que si quieres puedes hacerlo, y que estoy dispuesto a escuchar ofertas, tu sabes lo valioso que puede ser un libro como este, con estas ilustraciones, además¿ recuerdas que este libro le encantaba a Liliana?

Sorprendentemente, aunque no podía recordar a julian, ni a su padre, ni el libro en particular — una edicion con portada dura de imitación de cuero y letras en color dorado, adornada por al menos unas veinte ilustraciones a todo color y al menos el doble en blanco y negro— el nombre de Liliana me hizo sentir un peso en el estomago. Yo tengo una especie de fetiche por los nombres, en una ocasión me enamoré de una Angela y desde entonces busco en cada Angela que conozco pedazos de aquella a la que amé. Y con el nombre de Liliana me pasó justo eso, el problema es que nunca había conocido a una Liliana que llamara mi atención. Es más podría asegurar que nunca había hablado con ninguna Liliana en mi vida. Necesité sentarme, asi que invité a Julian a pasar y nos sentamos en la sala.

Sabes que eso no lo recordaba— le dije. Pero como no lo vas a recordar si lo leían juntos. A mi siempre me había gustado Liliana, ¿sabías que se casó y está esperando su segundo hijo? el esposo espera que sea un niño, porque la primera fue una niña, y el hombre la ama, pero con un niño, tu sabes, las cosas son distintas, se puede jugar con él, enseñarle a ser astuto, hablar de fútbol, carros, y mujeres... Siempre sentí algo de celos por la relación que tenías con ella, nosotros jugabamos fútbol, no tú, aunque en una época fuiste muy buen arquero, hasta que te rompiste los huesos del dedo, te quedó algo torcido, ¿cierto?— Miré mi mano izquierda, mi dedo torcido a la derecha de una forma extraña—Tu te sentabas al lado de ella, o ella se sentaba al lado tuyo y le leías, hacias voces, y ella te observaba con sus ojos muy abiertos como asombrada. Justo como abrías tu los ojos cuando leías este libro — Julian extrajo de su maleta un libro pequeño, de hojas amarillas, sin ilustraciones, anónimo y llamado Confesiones de una Desvergonzada; tomé el libro, y lo sentí familiar, leí las primeras frases, no había nada familiar, ninguna frase reconocida, pero supe que lo había leido antes— me metiste en muchos problemas por este libro, lo dejabas debajo de mi colchón, donde tambien en una ocasión dejaste esa revista pornografica. Y ¿no te has casado cierto? yo tampoco, he estado a punto, pero nunca he dado el paso, tal vez lo haga pronto uno se va haciendo mayor y tal vez no debería pensar en eso ahora, por que sabes, necesito el dinero. Y ¿ has pensado en casarte? tal vez no porque no te imagino en esas cosas, siempre hacias mala cara cuando Liliana empezaba a decir que iban a tener tres niños y un perro, o que se iban a casar en esa iglesia pequeña en que se casaron los padres de ella. No fue así por cierto, la boda fue pequeña y apresurada en alguna iglesia de la ciudad, entonces todavía eramos jovenes, ella no habría llegado a los 22.

Tengo una memoria privilegiada, puedo recordar con facilidad las palabras exactas que usó un profesor para explicar un tema, lo que siempre fue muy util mientras estudiaba; puedo recordar detalles insignificantes pero fundamentales sobre las personas que quiero, cosas como marcas de chocolate, horas en que prefieren guardar silencio, incluso las palabras que les recuerdan lugares que les recuerdan personas que les recuerdan cosas que preferirían olvidar. Pero nada de lo que Julian decía me traía recuerdos, aunque sonaba como si yo de verdad hubiera vivido todo eso.

Y si me compras esos dos libros, te regalo este libro de borges, aqui está el libro de arena, con el que, me dijiste una noche, soñabas. La mujer de arena, ¿no recuerdas eso? Eras muy enamoradizo, te gustaban todas las mujeres que conocías, y seguro que todavía es así, y me decias que querías una mujer que fiera como el libro de arena, una mujer de arena, un dia negra y otro blanca, a veces alta, o pequeña y ligera como un hada que pudieras llevar en tu bolsillo. a veces la querías, supongo, a Liliana, otras veces parecias soportarla, pero daba igual, le leías, las buscabas o ella te buscaba a ti, y un día mientras intentabas explicarnos, porque estabamos todos allí, todos, estaba liliana, cesar, maría, ramiro, y otra gente de esa que jugaba con uno, porque te gustaba el viejo y el mar, recuerdas el viejo y el mar, lo tienes, porque si no es así, te lo vendo, aqui tambien lo tengo, recuerdo que mi padre no te apreciaba mucho, le parecias un chico raro, abstraido hasta un poco autista hasta que te preguntó que opinabas de El viejo y el mar, no sé que le dijiste, pero desde entonces te consideró un hijo más, te quería mucho mi padre, eso tambien me daba algo de celos. ¿Quieres comprarlo? no sé si lo tengas, pero tal vez deberías uno nunca sabe cuando o como se pierden los libros, y supongo que éste debe traerte buenos recuerdos. Tambien tengo otros libros por ejemp — lo interrumpí—.

Perdoname, pero tengo curiosidad, porque no recuerdo esa ocasión en que estábamos todos reunidos y yo les intentaba explicar por qué me gustaba el viejo y el mar,¿ qué pasó?. No recuerdo como se llamaba, tal vez Lina, o tal vez fue la chica que hablaba con el acento extraño que decia era frances, pero que en realidad era un problema del habla, el caso es que la chica te besó, nada extraño, un beso tierno en la mejilla, y la miraste, no sé que miraste, pero eras así, de repente te podías quedar mirando algo como estupidizado, y la miraste así con la boca medio abierta, quizas no duró más que un par de segundos, pero se sintió más y cuando ella salió saliste tras de ella, no recuerdo como se llamaba, pero tú deberías acordarte Raúl porque estuviste allí, en medio de la tormenta si quieres. Y deberías acordarte tambien si era bonita, tal vez Liliana se acuerde, aunque no es cosa de creerle porque a las rivales en el amor las mujeres siempre las ven feas. Tal vez era bonita, tu saliste caminando detras de ella, y no es que quisieramos seguirte escuchando porque podías ser un poco aburrido, y quizas por eso te besó para hacerte callar, o porque sí. Todos estabamos un poco locos entonces, y saliste tras de ella, no eras tú, siempre tan calmado, tan intelectual, tan alejado del mundo y sus demonios. Hablando de demonios tengo tambien aquí un tratado de demonología que encontré en mi casa, supongo que lo leíste, tiene letras como las tuyas en el carton de la portada, tu sabes como es tu letra, circulos incompletos, falta de coordinación, irregular, sinceramente fea, es tu letra, debes haberlo leído, y me gustaría que lo compraras, yo lo he ojeado, pero el tema me asusta, pero tu seguro que lo disfrutarías, porque tu no crees en todo eso, ¿cierto?, claro que no, claro, una persona inteligente como tu no cree en esas cosas, las mira como mitos, historias para asustar a los niños. Podrías comprarlo, creo que era pelirroja, digamos que era pelirroja y estabamos ya en ese tiempo en que las hormonas se hacen poderosas, y tú claro, quizás pensabas que querías saber si las pelirrojas son pelirrojas por todos lados. Digamos que era pelirroja, y la seguiste con la esperanza de convencerla de mostrarte si era tan pelirroja debajo del ombligo como encima del cuello. Liliana era linda, probablemente más linda que la pelirroja, y salió detrás de tí, o sea, detrás de ella. Puedes regalarme algo de agua?.

Me levanté y fui a servir un vaso de agua bien fria, resultaba fascinante escuchar esta historia sobre un Raúl que no recordaba haber sido. Cuando regresé había sacado otro par de libros de la maleta, un libro pequeño y delgado llamado Otro cuento —es del año en que naciste, no te parece una increible casualidad, deberías de comprarlo para que te crean, a veces me decias que te sentías un personaje de este libro, peleado con la tecnología y dependiente de ella en partes iguales— y un libro rosado con la imagen de Che en su portada —este libro era para ti, nadie lo ha abierto, mi padre lo compro pensando en regalartelo, pero nunca pudo hacerlo, nunca fuiste a buscarlo, claro aún puede ser tuyo por un precio bastante económico, podrías comprarme todos lo que te he mostrado, si así lo quieres, ¿cuanto me ofreces?— Calculé en mi mente cuanto podía invertir en libros, —estoy dispuesto a ver más libros— le dije —¿por qué no me sigues mostrando mientras hablamos?—. El asintió y peinó con sus dedos anchos su cabello por milesima vez en la noche, luego tomó agua y guardó silencio un momento.

Tal vez se llamaba Laura, no sé por qué no puedo recordar su nombre, sé que vivia en la casa nueva, recuerdas, la que tenía puertas de vidrio, y eso es todo, era un poco baja supongo, debía tener la misma edad que nosotros, y las mujeres crecen más rapido que nosotros, pero era apenas de mi altura, y ambos sabemos que nunca he sido alto, apenas promedio tirando a bajo. Era de mi estatura, y vivia en la casa nueva, tal vez era bonita, ¿ no recuerdas si era bonita? no vivió en el conjunto mucho tiempo tampoco, porque la recordaría mejor. Pero tu deberías recordarla, la mirabas con los ojos abiertos como mirabas las revistas que escondias bajo mi cama, quizas preguntandote si era tan pelirroja debajo de la cintura como arriba del cuello, y Liliana tenía el pelo negro, algo rizado, eso te gustaba de ella. Liliana la miró a ella, y te miró a ti, recuerdo que todos esperabamos que se mataran y yo creía que tu ibas a sonreir mientras las veías pelear por ti, tú siempre eras tan superior, tan serio, tan extraño en ocasiones, y siempre supuse que debías ser un poco malvado, maquiavelico si quieres, ves, yo tambien conozco palabras grandes, no tantas como tu pero conozco, y no se mataron. Liliana solo la miraba, y tú como adivinando que se esperaba que hicieras algo la miraste, a Liliana quiero decir, la pelirroja, si es que era pelirroja, te miraba a ti con una sonrisa de triunfo, y por un momento te sentí lejano, como si nada de eso fuera contigo, como si te hubiera tragado la selva, como en la Voragine, recuerdas que ese es el unico libro que leí con ganas, y te lo dije esperando que te sintieras un poco orgulloso de mi, pero no, nunca te gustó, claro los gustos cambian y quizas si lo leyeras ahora te gustaría, aqui lo tengo, no es una edición muy bonita, pero está en buen estado, y si te gustan los libros de aventuras tal vez disfrutes de El conde de Montecristo, sabes cuál es, claro que sabes, la del hombre que regresa a buscar a la mujer que amó, y lleva venganza a todos lo que lo traicionaron, quizas te guste leerlo, si no lo has leido.

Luego Liliana se fue, y tu volviste en ti, nos miraste, y la miraste a ella, cerraste un poco tu ojo izquierdo, justo como lo estas haciendo ahora, y volviste dentro de la casa, creo que esa fue una de las ultimas veces que nos vimos, al menos una de las ultimas en que hablamos de verdad, tus visitas se fueron haciendo más y más cortas, menos frecuentes, y un día dejaste de ir, no tengo tu celular, tal vez podrías darmelo, o más bien anota el mio, asi nos encontraremos algun día para hablar, supongo que compraras los libros, muy bien tal vez pronto pague mi celular y podamos hablar, algún volveré a pasar — dijo cerrando su maleta, los libros que me había mostrado se quedaron afuera—.

Le pagué, más por la historia que por los libros y lo acompañe a la reja exterior de la casa, eran ya más de las diez y debía poner candado. — Sigo viviendo en el mismo lugar, todos nosotros lo hacemos, todavía jugamos fútbol de vez cuando, y a veces haces falta, tus comentarios, tu superioridad, tu distanciamiento que parece un poco autista... a veces haces falta, pero no vuelvas, sobre todo no vuelvas buscando a Liliana, es feliz y tiene un buen esposo, Ramiro, no sé si lo recuerdas, uno de nosotros, si Liliana tiene un niño ¿sabes como le va a poner? ni idea, seguro no lo ha pensado, pero quizás se llame Raúl, de todos nosotros es a quien más le ha costado dejarte ir, pero un día lo hará, igual que tú nos olvidaste.

Julian se fue sin decir otra palabra, puse el candado, cerré la puerta de la casa con seguro, y subí a mi cuarto con mis nuevos libros. Tengo una memoria extraordinaria, por eso me cuesta creer que haya olvidado a tantas personas, tantos sucesos, hay algo de cierto en la historia, lo sé, lo siento en mi estomago, pero también hay mucho de falso, creo, supongo, asumo, espero, deseo. Y es posible que en un par de días lo haya olvidado todo, como supongo lo olvidé antes, por eso lo escribo. Así si en alguna ocasión encuentro a Julian jugando fútbol con sus amigos, y los veo saludar a una mujer con una niña y posiblemente un niño de brazos que podría o no llamarse como yo, podré gritar su nombre, y ella me mirará como podría haberlo hecho hace años, y yo la miraré como estupidizado. Si es que en alguna ocasión vuelvo a ver a Julian, a mi mejor amigo.