lunes, 28 de junio de 2010

Angeles

Creo en los ángeles, creo que existen. No sé si creo que existen los seres alados asexuados y sin rostro que llamamos ángeles. No sé si creo que hay un angel feroz con una espada de fuego guardando las puertas del paraiso, aunque debo admitir que la imagen me parece ligeramente provocativa y quisiera conocerlo si existe. Encuentro ahora que lo pienso, que los angeles se piensan como hombres que no hacen uso de su sexualidad, pero no parecen haber mujeres entre sus filas... lo cual es por lo menos sospechoso, pero podría ser considerado machista y hasta misogino si las ONG's que trabajan por un buen trato a la mujer se enteraran de que estas en el cielo son obligadas a lavar la ropa, planchar,trapear, aspirar, coser las desgarraduras en las tunicas, besar magulladuras y pasar a limpio las cartas que los arcangeles se mandan entre ellos; además de realizar otras tareas más mundanas y sensuales que uno no esperaría encontrar en el cielo, ya que los angeles no parecen ser capaces de reproducirse y esa es la unica excusa aceptada por la iglesia para la realización de tales menesteres( por otra parte, ¿cómo podría no existir el sexo en el cielo?)


Creo en los angeles, pero no hablo de lo etereos, sino de nosotros, los humanos. Creo que de vez cuando somos angeles, cuando ayudamos a alguien que necesitaba de nosotros aunque era un desconocido. Y no es un asunto moral, no digo que seamos angeles cuando ayudamos, sino que a veces ayudamos porque somos angeles. Y me gusta serlo, confiar en que la otra persona necesita ayuda y estoy dispuesto a darsela a pesar de jamás haberlo visto antes, y a pesar de podría ser un estafador, atracador, o algun animal de mala calaña como, di tú, proximo presidente de la republica. Me gusta que la gente pueda confiar en mí, y confiar en ellos. Tal vez soy inocente, no lo sé, porque sé que puede ser riesgoso caminar por la caracas a la media noche, o ayudar a detener a un atracador que ya ha apuñalado a dos personas en el bus, o simplemente confiar en una anciana lo suficiente para acompañarla hasta su casa, a pesar de que podría ( lo he vivido) ser en realidad una mujer disfrazada que sólo desea alejarme de los lugares concurridos para atracarme con sus compinches.

Tal vez soy inocente, pero eso me gusta de mí.