lunes, 27 de febrero de 2012

Maneras de perder la cordura 1.

Enamorate. (2007)

A veces el loco obsesivo que llevo dentro me molesta mucho más de lo querría. Es muy bueno jugando ajedrez, y seamos sinceros ese juego siempre me ha parecido un poco tonto. El yo obsesivo de vez en cuando me gana la partida, y sale a la luz publica, sus dedos se agitan en el aire mientras anhela tocar el teclado, prueba aún antes de que el computador termine de prenderse la manera en que escribirá el nombre de usuario, presionara tab y luego la clave; revisara de manera presurosa pero concienzuda todo el correo, todos los correos, mirará el celular pensando que tal vez podría llamarla, todo parece tan sencillo.

Pero entiendannos, él es el obsesivo, yo soy el dizque funcional, me necesita para hacer cosas tan sencillas como hablar por telefono sin asustar a su interlocutor. Por eso no hace nada. El sólo piensa en ella, vive por ella; y no deja de preguntarse si leía mal las señales, me mira como un niño lastimado temiendo decir lo que piensa, esperando que no me sienta insultado cuando me pregunte si existe la posibilidad de que yo haya confundido las señales, yo el maestro de la interpretación, yo el funcional, yo el que entiende un poco el ritmo de lo social. Nunca lo dice, pero yo sé que lo piensa, sí.

Pero la conclusión es que estuvimos en lo correcto. Y ella ha decidido ignorarnos por puro orgullo, pero él tambien es orgulloso. Jamás reconocería que es su culpa que ella se alejara... sí, podríamos perder la cordura esta noche, pero no lo haremos, porque ella nunca se enteraría, y así no vale la pena.