jueves, 13 de agosto de 2015

Dos sonetos

Escribir un soneto.

Mi talento no suma una onza
si a ciertas tareas le enfrento  
pues encuentro fácil contar un cuento,
mas difícil danzar como peonza.

¿Con qué podré rimar jeringonza?
Pienso, me detengo por un momento,
mas sigo, de nada me arrepiento,
aunque la rima resulte ser zonza.

Conforme a la clásica usanza
escribiré, un día, un soneto
que sepa vestir adarga y lanza.

Copiaré a Petrarca —lo prometo.
No hoy, este poema no alcanza,
ya se me ha acabado completo.



De la palabra bruja.

La palabra es ventana de tiza,
espejismo: embrujo y retrato;
promesa a nadie; sueño, un rato;
futuro bosquejado con ceniza.

Sol que agrieta la tarde plomiza,
camilla para soñar sin contrato,
plumas que brotan en el omoplato
taller en que la vida cristaliza.

Aquellos, los poetas, escribieron
lo que los lectores sintieron plagio.
Mas todos, por su lado, concluyeron:

"Ques la palabra oscuro presagio
de esos días que ya nunca fueron,
y de todo venidero naufragio."