martes, 25 de diciembre de 2012

De mujeres locas.

Resulta que desde hace un par de días estoy intentando recordar qué pasó en mi vida, más o menos, en los últimos 12 meses. Mi plan es hacer un cierre de año en el que tenga claro qué fue lo bueno, qué fue lo malo y qué lo feo de mi vida mes a mes. Eventualmente publicaré eso, pero en medio del ejercicio se me ocurrió escribir sobre las mujeres locas.

Mi prima, quien además es posiblemente mi mejor amiga ( sí, puede ser algo patetico que la mejor amiga de uno sea también familia, pero la verdad no me importa) me dijo hace una semana que ella ha hecho todo lo posible ( incluso un poquito menos (bastante menos, evidentemente) porque ella sabe que yo me he tomado el asunto con calma) para conseguirme novia pero que las mujeres que conoce no son mi tipo. Añade además que no tengo sólo un tipo, tengo dos: las mujeres locas y las muy locas( sus palabras (aproximadamente, creo) no las mias( aunque admitiré que es posible que algunas partes o la totalidad de esta conversación haya ocurrido sólo en mi cabeza)).

La historia es que revisando mi historial anual, y analizando el tipo de mujeres que me han interesado en los últimos 14 meses ( decidí iniciar mi investigación con mis recuerdos de noviembre y diciembre de 2011 para asegurarme de no dejar nada, ni a nadie, por fuera), debo decir que he llegado a la conclusión de que efectivamente me gustan las mujeres locas. O más bien, quisiera aclarar, el único requisito indispensable que debe tener una mujer para enamorarme es no ser aburrida. (bueno, eso y que cumplan con mi corta lista de condiciones ).

 Y no es que por ser aburridas no sean merecedoras de cariño. Su admirable simpleza no las hace menos amables, su ingenio llano no las hace menos dulces, su necesidad de vivir una y otra vez las mismas tres experiencias no las hace malas personas.Ellas son lindas aunque sean aburridas, y por eso las quiero, las aprecio y respeto; el problema es que me cansan con facilidad.

Me aburre inmensamente hablar con ellas porque reaccionan siempre con horror o una sonrisa educada y distante.  Me cuesta trabajo hablar con ellas, pero sobre todo me cuesta trabajo hacerlas reir, o más bien, aceptar que no se van a reir. Parece ser que las mujeres decentes sólo se rien despues de estar casadas, y aún entonces sólo tienen permitido hacerlo en privado.

Me cansa realizar con ellas siempre los mismos planes, en su presencia incluso me asusta un poco proponerles cosas nuevas porque sé que o se van a negar o van a recordarme todo el tiempo que no están disfrutando del cambio, que preferirían estár haciendo cualquier otra cosa.

Lo cierto es que quiero a las mujeres locas porque son animales salvajes, que nunca sé como van a reaccionar, porque me sorprenden, porque dudan y se dudan, porque se arriesgan, porque les importan cosas, porque aunque se construya una rutina con ellas, es siempre mientras tanto ( como la calma antes de la tormenta) es una rutina tensa de la que en cualquier momento puede saltar la sorpresa.

Me gustan las mujeres locas porque rien y lloran sin verguenza. Porque deciden dedicar su vida a cosas inesperadas y se comprometen al 100% por ciento. Porque si alguna vez volaste con ellas sabes que aunque quemes tus alas, te estrelles contra el piso a velocidad terminal, te envenen con muffins que saben a plastilina o te pierdas en medio del mar, siempre fue mejor acompañarlas que dejarlas partir.
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