lunes, 5 de abril de 2010

La memoria

A veces lleva tiempo llegar a puerto, pensar algo que no haya sido dicho o encontrar una forma de decir lo que tengo adentro. Me cuesta decir lo que quiero de manera directa, asi que doy vueltas alrededor de algo hasta que hallo la grieta por la que expresar una idea puntual; claro si no se me olvida lo que quería decir y termino opinando todo lo contrario. Y aún así creo que mi memoria es privilegiada, o al menos está bien entrenada para reconocer espacios y establecer rutas en juegos de video; cosa que algunas personas más jóvenes encuentran complejo; me pregunto si fuí así a esa edad, o si todos los niños que conozco tienen problemas de deficit de atención, o si el hecho de haber crecido con los computadores los hizo desmemoriados.

Hasta la aparición de la escritura, cuentan algunas ancianas (a quienes le contaron otras ancianas y ancianos que conocian historias narradas desde mucho tiempo antes de que el hombre soñara con hacer marcas en los arboles para contar mamuts cazados) los humanos poseían una memoria formidable, no sólo debían ser capaces de recordar los caminos transitados anteriormente, tal y como hacen los elefantes, sino también las historias, marcas, nacimientos, muertes y nombres de esos caminos, y los grupos con los que podrían encontrarse. Cada hombre debía ser entonces, una enciclopedia andante, claro una enciclopedia cavernícola, pero enciclopedia de todas formas.

Con la aparición de la escritura, las personas dejaron de llevar todo en su cabeza, y empezaron a escribir ciertos detalles en piedra, o en cuero, o en papiro, y dicen las ancianas, perdieron gran parte de su increíble memoria, porque lo que no se usa, se pierde. Aún así algunos mutantes supermemoriados nacieron entre nosotros, con su memoria fotográfica que les permite recordar mazos de cartas enteros, en orden tras haberlos visto una sola vez, pero ellos fueron la excepcion y no la regla, el resto de nosotros debía contentarse con ser capaz de recordar algunos nombres, unos numeros importantes, tener la agenda telefonica a mano, y aprenderse un par de frases que dijeran mucho sin decir nada.

Hace poco estaba en una clase y la profesora nos pedía usar la memoria, y puedo hacerlo, pude hacerlo, pero tambien me di cuenta de que incluso para mi, con mi costumbre de leer libros, de intentar recordar datos, nombres y fechas, y mi habilidad para recordar pequeños detalles, el internet se ha convertido en una memoria universal portatil, y recordar quien es Mario Vargas Llosa, Indira Ghandi, Kurt Cobain, Siddhartha Gautama o Ricardo III no resulta importante, porque si recuerdas el nombre en cuestion de segundos tendras al frente tuyo un resumen de su vida y una detallada biografía general.

Yo siento que se ha perdido algo, un arte. Como el arte de sondear la profundidad del mar al acercarse a tierra, o navegar con cartas aproximadas y antiguas; así era el arte de saber recordar, no todo como esos monstruos de la memoria cuya obsesión con recordar me preocupa, sino recordar, como quien recuerda sólo un trozo de un poema, y encuentra a quien se sabe otro, y ambos se saben copropietarios, amigos, colegas en la memoria.

Recordar por recordar, no porque sea util, o porque esté en un examen, o porque nos vaya a mejorar el salario, sino sólo por hacerlo, para recordarnos que somos más que nombres, cifras, titulos, pesos y medidas, que somos aquello intangible con que la memoria viste a nuestra alma.