martes, 23 de febrero de 2010

Aventurarse

Mi prima está leyendo la odisea, no sabía que todavía se seguía leyendo, y yo, siendo el lector loco de la familia, además del experto en mitología griega y romana, he sido el encargado de guiarla por el extraño y revelador viaje de Ulises. Y he pensado en la idea de aventurarse en territorios desconocidos sin más seguridad que la sensación de estar preparado para cualquier cosa, y una gran habilidad para improvisar. Ulises lo hace, llega a las islas, manda sus amigos, y si ellos se meten en problemas el va a rescatarlos sin dudar, ¿qué puede hacer él que no puedan hacer ellos? ¿qué le hace creer que allí donde otros han fracasado, desistido o retrocedido el va a persistir hasta triunfar? No tengo ni idea, probablemente él tampoco, pero siempre lo hace, siempre triunfa, persiste, encuentra aquel punto débil que otros no vieron, o tiene suficiente suerte y habilidad para administrarla, como para sobrevivir. Y pensé que siendo el mi modelo, aquel a quien quiero imitar, yo también debía arriesgarme a hacer algo que jamás hubiera hecho antes.

Me gusta cocinar, y en el ultimo año he aprendido a cocinar una gran cantidad de cosas, pero siempre han sido cosas sencillas, mezclar cosas, revolver, meter al horno; picar verduras, sazonar, sofreir, agregar la carne, agregar los otros ingredientes, comer. Cosas que no requieren mucha habilidad para hacer, postres cuya mayor dificultad es tomar correctamente las medidas. Pero desde hace un par de meses quería hacer un pollo relleno, o un pavo, el asunto es que hacer un pavo o un pollo relleno requiere deshuesar al animal antes de rellenarlo, y yo jamás había deshuesado nada. Finalmente el sabado decidí hacerlo, cuando me desperté saqué el pollo de la nevera y lo dejé descongelandose mientras yo leía, cuando la hora cero, la de preparar el pollo se acercaba sentí miedo.

Hacer correctamente la receta podía llevar unas 3 o 4 horas, que es mucho tiempo, y pensé que si lo hacía mal serían 4 horas desperdiciadas, además de un pollo que nadie comería, en cambio podía dejarlo otra vez en la nevera y la señora el domingo lo asaría o haría una sopa con él. Sería un pollo aprovechado. Pensé luego que nunca había deshuesado un pollo y que podría esperar a que otra persona se encargara, mi madre por ejemplo. Y yo haría el relleno, lo facil. Finalmente reuni mi valor, me acerque al pollo, e introduje mi mano en su interior para sacar algo de hielo sanguinolento que se había quedado atrapado en sus entrañas. No fue una vista bonita, pero ese contacto con el pollo me hizo sentir que valía la pena hacer el intento.

Cuando era niño, en vispera de año nuevo, mi familia preparaba un pavo relleno con carne molida, uvas pasas, verduras y otra cosa más, nunca me gustó ese relleno. Dice mi madre que no fue cosa de tradicion familiar, sino algo que se hizo un par de años para parecer tradicionales, pero que ni ella, ni mi abuela, ni mis tias jamás fueron capaces de deshuesar el pavo limpiamente, usaban bisturies prestados, varios cuchillos, hacian incisiones, perjuraban de la madre del pavo, y finalmente cuando el pavo parecia una victima de un perro rabioso, lo cosian, rellenaban y horneaban. Nadie en mi casa jamás había podido deshuesar un pollo correctamente, y ¿yo esperaba que conmigo el resultado fuera distinto? carajo

Valientemente busque las articulaciones como explicaba de manera concisa un libro que debía hacerlo : alce la piel del cuello hacia la articulacion de las alas y corte el tendón; luego disloque las piernas, saque el hueso de la suerte por el cuello y luego el resto de la osamenta lentamente mientras la raspa con un cuchillo. La primera ala tomo su tiempo, la segunda fue más rápida. Los muslos se dislocaron sin problema y empecé a sentirme orgulloso de mi mismo. El problema no fue sacar el hueso de la suerte fue el resto de la osamenta. Cuando uno se va a comer un pollo uno siente que tienen muy pocos huesos y se maravilla de que puedan mantenerse vivos de esa manera; pero es todo un engaño, los pollos tienen todos los huesos necesarios para mantenerse y un montón más. Además eso de raspar la osamenta con un cuchillo suena mucho mucho más simple de lo que es. Y en ese momento mientras las costillas y las vértebras del pollo salían por uno de sus agujeros, de una manera que sólo puede ser descrita como una especie de parto, sentí que todo iba a ser un desastre, que el pollo había perdido su forma, que al final no iba a valer la pena, que quería que alguien me salvara de seguir haciendole eso al cadáver del pollo. Pero nadie me salvó, terminé mi trabajo a pesar de sentirme un poco desesperado, arregle el pollo, y lo miré bien por primera vez en todo el proceso, y me sentí orgulloso de haber terminado.

Al final el pollo quedo delicioso, y siento que fue una buena experiencia. Ahora estoy deseoso de deshuesar más pollos, de aprender a preparar salchichas, chorizos y carnes curadas, de hacer cosas más difíciles, de seguir haciendo cosas que me asusten. Porque sé que puedo, no sé que tengo a mi favor que otros no, pero sé que el miedo no es una razón para dejar de aprender a hacer y a ser.