Sí, sí lo conociste, tienes que haberlo conocido, se graduaron el mismo
año. Tuviste que haberte cruzado con él en alguna clase. Era un chico
alto con el pelo crespo y largo. ¿No te suena? Tenía un olor muy
peculiar, como rojo. Es el mismo que una vez nos dijo que quería ir a
ver fantasmas en la candelaria y que ya había hablado con los dueños de
una casa. ¿Ves que sí lo conociste?
Vale,
hazte para acá, lejos de la ventana. Anoche me llamó. Eran como las dos
cuando me despertó el celular. Vi el número y pensé que es una falta de
sensibilidad llamarlo a uno a esas horas desde un teléfono desconocido,
pero cuando volvió a llamarme le contesté porque, aja, me parece
maleducado no contestar cuando a uno lo llaman dos veces seguidas.
─ Men, es Oscar ¿qué?, ¿estás en tu casa?
─ Bueno y ¿dónde más quieres que esté a esta hora?
─ Vale, esperame que ya llego por alla.
Y me
colgó... Me sentí tentado de llamar al portero y decirle que había un
sujeto persiguiéndome y que si llegaba a un buscarme un tipo, así y así,
llamara a la policía. Pero pensé que debía tener una razón para
buscarme después de tres años sin vernos más que por Facebook, así que
me vestí, me lavé la boca y bajé a esperarlo.
Cuando
llegó me abrazó y noté que estaba temblando. Su gesto duró un poco más
de lo recomendado por los manuales de urbanidad y pude sentir la mirada
reprobatoria del portero en mi nuca.
Tú nunca
lo conociste bien; él siempre fue así, muy afectuoso y expresivo. Le
indiqué el ascensor y le dije al portero: ─Lo acaban de atracar y quedó
como turuleto. El tipo me respondió con un hmmm que me sonó algo
prejuicioso.
En el apartamento, aceptó tomarse una cerveza y empezó a contarme por qué me había llamado.
─
Bururupimpan. Blaaaquiiimmmmaaaaeeeepse. OK. Mmm, lo que ocurre es lo
siguiente, algo raro ha estado pasando. Hace una semana recibí un mail
que decía: Oscar, eres una mierda.
─ Spam, o ¿qué?
─ No, no
era spam. Marica, ¡era un mensaje de verdad!. Y lo mandaba una vieja
diciendo que se había sorprendido mucho de encontrarme en la ciudad, que
aún sentía algo por mí, y que cuando le había propuesto encontrarnos se
había emocionado de verdad. Pero que ya podía ir olvidándome de ella
porque no había aparecido y eso demostraba dos cosas: que yo soy una
mierda y que ella nunca me había importado. ─ ¿Todo eso te decía?
─ Pues,
eso fue lo que entendí. Era un mensaje largo, rabioso y dolido, pero no
podía parar de leerlo aunque se burlara de mi virilidad.
─ Y ¿es verdad todo lo que dice?
─ Es que ahí esta lo raro, yo nunca he oído su nombre en mi vida. Angela Muñoz, ¿te suena?
─ Nada,
Ángela Muñoz, Angie Muñoz, Angelita, Ángela. Pues, mira, Ángelas conozco
un poco pero no, así el nombre entero no me suena.
─ A mí menos. La vieja dice que fuimos novios por tres años, y que terminamos porque la engañe cuando me fui para Boston.
─ ¿Estuviste en Boston?¿Cuando?
─ No, yo nunca he salido del país.
─ Entonces, ¿qué? ¿Está loca?
─ Ajá,
eso pensé al principio. Pero la busque en Facebook y resulta que somos
amigos, y no sé en que momento la agregué. Además, hay fotos suyas en
que aparecemos ambos. Y no puedo ser yo pero no puede ser otra persona.
Soy yo, marica, mi cara, mis manos, mi ropa, mi cicatriz en la frente.
Me dio un poco de susto pero, aja, pensé que todo debía ser un chiste,
una cámara escondida o alguna vaina así. No me preocupé, ¿ya? Y creo que
debí haber hecho algo, pero tampoco sé que podría haber hecho, osea,
¿qué hace uno en una situación así?
─ No sé... Se llama a la policía por usurpación de novias posibles o algo.
─ Men, no es un chiste, es en serio, mira... hoy... hoy pasó algo y... no sé....no sé.
─ Te mandó otro correo o ¿qué?
─ Ojala
hubiera sido eso. Ojala... Mira, hoy llegué a mi edificio como a las
once del trabajo y, nada más entrar, el celador me preguntó: ¿Bueno, y
usted en que momento se me salió? Se rió y no le pare bolas. Cuando
llegué a mi piso me di cuenta de que la luz de mi apartamento estaba
prendida, se salía por debajo de la puerta. Y mira, no sé si me creas
pero te juro, te juro por mi madre, que me escuché hablando allá dentro.
Y entonces me acordé de lo que el portero me había dicho. Él ya me
había visto entrar..., yo tenía mis llaves en la mano, las volví a
guardar y salí corriendo. Le dije al portero que iba a comprar algo y
me fui.
─Y ¿entonces me llamaste?
─ No...
me quedé pensando en qué iba a hacer, es que, si tengo un doble ¿cómo
carajos averiguó donde vivo? ¿Y cómo consiguió las llaves? Me metí en un
Carulla 24 horas y caminé y caminé hasta que se me ocurrió llamarte.
─ Ajá y ¿por qué a mí?
─ Porque
sé donde vives y porque tú siempre has sabido de esas vainas, yo no. No
sé si volver a mi apartamento mañana, no sé si ir a trabajar, no sé si
debo contar todo esto a mis amigos, no sé qué hacer y tú eres muy
inteligente. Dime qué hago.
Hablamos
hasta que amaneció, entonces se acostó en mi sofá y se quedó dormido. Yo
me bañe, me tomé un café bien negro y vine aca. Antes de salir lo ví
allí, dormido y le escribí una nota diciendole que se tomara las cosas
con calma, que en la nevera había comida, y que si quería cambiarse del
sofá a la cama, por mí, no había problema.
Te
preguntarás por qué te cuento todo esto si a duras penas conoces a
Oscar, vale, lo que pasa es que desde que llegué a la oficina lo he
estado viendo allí al frente. Mira disimuladamente, ¿si lo reconoces?
¿Ves que
sí lo habías conocido antes? Bueno, acabo de llamar al numero de anoche y
el Oscar que deje en la casa todavía estaba durmiendo.
Eligiendo a cual puerto enfilaré mi navio, consciente de que el mar es una amante caprichosa, eligiendo a mis compañeros de viaje, guardando mis tesoros en mi equipaje, sin prisa pero sin tardanza. Mi brujula y mis armas estan listas, que vengan los ciclopes y los ciclones, el viaje empieza ahora, y terminará cuando lo haga el camino.
lunes, 2 de febrero de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
Inventario breve
Tengo:
- Estos ojos mios,que buscan mensajes secretos hasta en las primeras letras del horóscopo y los menús de cafeterías, y que se cansan de no encontrar
- Estos diez dedos con que nací y que juegan a esconder declaraciones de guerra y cariño entre las letras de "buenos días", y que, no sé, siento que insisten inútilmente.
- Un cerebro, fijamente encajado en la caja craneal, que da vuelta al mundo, que planea itinerarios, y que sueña constantemente con abrazos que no dará. Un cerebro del que digo siempre: ni lo vendo ni lo compran.
- Dos pies que caminan como saltando, que se arrastran melancolicos, que a veces se olvidan de que existen y que tienen, cada uno, cuatro apendices pequeños y uno grande.
- Una columna que se dobla y duele, que recorre mi espalda desde las nalgas hasta la cabeza y que, cuando estoy de pie, mantiene alejada mi cabeza de mis rodillas, lo que se me antoja claramente simbolico.
- Una boca que es más bien el punto de entrada a un tubo compartimentado que concluye en un esfinter en que nunca pienso cuando estoy ingiriendo comida.
- Una nariz que quisiera ser aventurera y lanzarse a oler el mundo entero con el ansia rabiosa de un moribundo.
- Cabellos, miles, millones de ellos, repartidos por mi cuerpo, cabellos librepensadores y rebeldes...
- Uñas como ovalos achatados...
Y cientos más de cosas que creo debería inventariar por si, alguien, algun día deseara que se las compartiera o heredara.
miércoles, 21 de enero de 2015
La vida
Esta mañana me desperté, como todas las mañanas, con una perra
lamiendome la cara. La bajé de la cama, la saqué del cuarto ( mi puerta
se abre si la empujan porque tiene la cerradura dañada), y planeaba
dormir un rato más, pero mi tia me dió una noticia que me quitó el
sueño: A mi tio Raúl, con quien compartí hogar durante años, le dió un
infarto y está en cuidados intensivos.
Me quedé tieso. Mi tio es una de las personas más saludables que conozco, o no, no sé. En todo caso, uno recibe una noticia como esa y ¿qué hace? ¿Llama?¿Escribe?¿Llora?¿Reza?¿Lo ignora y vuelve a dormir hasta que sea una hora más adecuada para procesar esas noticias?
Yo soy terrible lidiando con las tragedias en las vidas de otras personas. No sé qué decir, no sé qué hacer, solo me quedo allí escuchando con miedo de tener que decir algo. Así que miro a la persona fijamente, sonrio si siento que debo hacerlo, digo los clichés necesarios, y a veces digo cosas que siento pero que son bastante estupidas.
De mi ultimo año del colegio hay dos cosas que decir: que yo me escapaba a menudo de clases y que me gustaba una chica llamada T. T era amiga de una amiga mia. Un día acordamos salir yo, T, nuestra amiga en común y el novio de esta amiga. Quedamos en que el viernes sería excelente y ese día, para arreglarme temprano y dar una buena impresión de calle, me escapé de clases a eso de las 10.
Cuando ya estaba listo, a eso de las 3, llamé a T. Quería confirmar cuando nos ibamos a encontrar y en donde. Incluso había mirado la cartelera de cine y sabía qué podríamos ver. La saludé emocionado, y ella me dijo llorando que esa mañana su mamá se había muerto. La habían recogido casi al mismo tiempo en que yo me escapaba, así, aunque avisaron a todos los demás compañeros, yo no me había enterado. Los planes, sobra decirlo, se cancelaron.
Esa noche, junto con nuestra amiga, la visité. Ella estaba llorando desconosolada y yo permanecia en silencio mientras familiares, amigos y conocidos le decían cosas bonitas. Me sentí completamente inutil. Y es una sensación que, cada vez que recuerdo ese día, me invade de nuevo. Al partir, sin haber dicho más de cinco palabras, le dí un abrazo y le dije: "Si pudiera quitarte todo el dolor y sentirlo yo, lo haría." Entonces me fuí.
Ese soy yo en esas situaciones. Un tipo silencioso que luego dice cosas pendejas que arruinan por completo toda posibilidad de acercamientos posteriores.
Me quedé tieso. Mi tio es una de las personas más saludables que conozco, o no, no sé. En todo caso, uno recibe una noticia como esa y ¿qué hace? ¿Llama?¿Escribe?¿Llora?¿Reza?¿Lo ignora y vuelve a dormir hasta que sea una hora más adecuada para procesar esas noticias?
Yo soy terrible lidiando con las tragedias en las vidas de otras personas. No sé qué decir, no sé qué hacer, solo me quedo allí escuchando con miedo de tener que decir algo. Así que miro a la persona fijamente, sonrio si siento que debo hacerlo, digo los clichés necesarios, y a veces digo cosas que siento pero que son bastante estupidas.
De mi ultimo año del colegio hay dos cosas que decir: que yo me escapaba a menudo de clases y que me gustaba una chica llamada T. T era amiga de una amiga mia. Un día acordamos salir yo, T, nuestra amiga en común y el novio de esta amiga. Quedamos en que el viernes sería excelente y ese día, para arreglarme temprano y dar una buena impresión de calle, me escapé de clases a eso de las 10.
Cuando ya estaba listo, a eso de las 3, llamé a T. Quería confirmar cuando nos ibamos a encontrar y en donde. Incluso había mirado la cartelera de cine y sabía qué podríamos ver. La saludé emocionado, y ella me dijo llorando que esa mañana su mamá se había muerto. La habían recogido casi al mismo tiempo en que yo me escapaba, así, aunque avisaron a todos los demás compañeros, yo no me había enterado. Los planes, sobra decirlo, se cancelaron.
Esa noche, junto con nuestra amiga, la visité. Ella estaba llorando desconosolada y yo permanecia en silencio mientras familiares, amigos y conocidos le decían cosas bonitas. Me sentí completamente inutil. Y es una sensación que, cada vez que recuerdo ese día, me invade de nuevo. Al partir, sin haber dicho más de cinco palabras, le dí un abrazo y le dije: "Si pudiera quitarte todo el dolor y sentirlo yo, lo haría." Entonces me fuí.
Ese soy yo en esas situaciones. Un tipo silencioso que luego dice cosas pendejas que arruinan por completo toda posibilidad de acercamientos posteriores.
lunes, 27 de octubre de 2014
El fracaso
Ser un fracasado es un asunto dificil y doloroso. No es doloroso como
una cortada, o como un apendice inflamado, sino como una gangrena
incurable. Es como ir en un tren que se queda detenido en medio de un
desierto. Al principio es como si nada hubiera ocurrido, el fracasado
admite que ha fracasado pero piensa que es sólo una parada temporal: Pronto se arreglaran las cosas,
se dice. Entonces busca maneras de ocuparse, atiende el jardín, cambia
las sabanas, barre la casa, va a cine, aprende a planchar la ropa, pinta
los cuartos, aprende recetas nuevas, lee libros que andaban retenidos
por falta de tiempo. Hace lo que sea para sentirse util, para tener algo
que aportar, algo de lo que hablar, algo que podría ser bien visto por
las personas que en el futuro puedan considerar darle una nueva
oportunidad. Porque en ese momento todavía está convencido de que todo
es temporal.
Pero la gangrena avanza, y el fracasado empieza a descuidarse. De repente pasa un día sin bañarse, o se alimenta sólo de domicilios o papas y gaseosa; o se duerme más tarde de lo recomendable, a veces mucho despues de que ha salido el sol. ¿A quién le importa? Se dice a sí mismo y se responde inmediatamente: A mí, a mí debería importarme. Cada noche se promete que la noche siguiente sí se dormira temprano. ¿Qué tal, se pregunta, que mañana me den el trabajo (por decir algo) o conozca a la mujer de mi vida (por decir otra cosa)? No estaría preparado para eso. ¿Cómo podría llegar a trabajar a las 7 de la mañana si ando durmiendome a las 10? ¿Cómo podría decirle a ella que está interesada en alguien que ni siquiera duerme a horas normales?. Se ha descuidado pero todavía se arregla para salir, se lava la boca, usa jabón, se recorta la barba, se pone ropa límpia, huele su chaqueta y la lava si está sucia. Arregla su cuarto y cada tarde encuentra algo que hacer afuera para que se note que no se ha rendido del todo. Se ha descuidado, pero intenta mantener las apariencias y todavía no ha llorado.
De repente la gangrena se le termina de comer una pierna, la situación se hace grave y las raciones de decencia y cordura que cargaba el tren se han agotado. El fracasado pasa todo el día sin comer, jugando, leyendo, huyendo del mundo, y en la noche, a eso de las diez , sale a comer cualquier cosa. Dia y noche dejan de tener sentido, dan igual. Sin embargo sigue intentandolo, manda hojas de vida, escribe en los facebook de amigos, revisa fotos, asiste a eventos ( nunca más de dos por semana), pero lo hace un poco en contra de su propia voluntad. Preferiría seguir durmiendo, leyendo, dejando pasar el tiempo por encima de él(ella), a través de él(ella), y sabe ( porque ya tiene la seguridad de ello) que da igual porque ya nada va a cambiar. Ya es demasiado tarde, quizás hubiera podido cambiar las cosas antes pero ahora no hay nada que hacer. El fracasado es consciente de que la gangrena sigue avanzando, de que ya le ha costado una parte de sí. Entonces algunos lloran, otros no. Duerme en el piso, fuma como chimenea, sale a veces en la media noche a descargar la rabia gritando por calles vacias, o a buscar una pelea para sentir dolor, o causar dolor, o algo.
La gangrena es voraz, y el fracasado lo sabe. No le basta con las piernas, necesita consumir los brazos, el corazón, la cabeza. Es un otro que se ha apoderado exitosamente (...ironía?) de lo que el fracasado solía ser. Mira las fotos de hace cinco años y piensa en que entonces no sabía lo feliz que era, las muchas razones que tenía para sonreir, lo brillante que hubiera podido ser el futuro. Cierra los ojos, y a veces llora. Si no lo hace no es porque no quiera sino porque la gangrena, la nada, el tedio absoluto de saberse fundamentalmente inutil le ha tragado el alma, y ya no se siente nada de verdad. Deambula por la vida como si fuera un programa de televisión interactivo, todo da lo mismo, todo se siente igual. Todo ya ha sido visto antes, no hay esperanza, no hay nada nuevo. Caras desconocidas en roles viejos, caras conocidas en roles menos viejos. Todo es cansancio, todo es futil. Piensa, cree, sueña que la gangrena va a matarlo pero no. No se muere y tampoco llora, el tiempo de las lagrimas ya ha pasado.
Y finalmente, cuando ya todo ha concluido, se desmorona como una duna...
Pero la gangrena avanza, y el fracasado empieza a descuidarse. De repente pasa un día sin bañarse, o se alimenta sólo de domicilios o papas y gaseosa; o se duerme más tarde de lo recomendable, a veces mucho despues de que ha salido el sol. ¿A quién le importa? Se dice a sí mismo y se responde inmediatamente: A mí, a mí debería importarme. Cada noche se promete que la noche siguiente sí se dormira temprano. ¿Qué tal, se pregunta, que mañana me den el trabajo (por decir algo) o conozca a la mujer de mi vida (por decir otra cosa)? No estaría preparado para eso. ¿Cómo podría llegar a trabajar a las 7 de la mañana si ando durmiendome a las 10? ¿Cómo podría decirle a ella que está interesada en alguien que ni siquiera duerme a horas normales?. Se ha descuidado pero todavía se arregla para salir, se lava la boca, usa jabón, se recorta la barba, se pone ropa límpia, huele su chaqueta y la lava si está sucia. Arregla su cuarto y cada tarde encuentra algo que hacer afuera para que se note que no se ha rendido del todo. Se ha descuidado, pero intenta mantener las apariencias y todavía no ha llorado.
De repente la gangrena se le termina de comer una pierna, la situación se hace grave y las raciones de decencia y cordura que cargaba el tren se han agotado. El fracasado pasa todo el día sin comer, jugando, leyendo, huyendo del mundo, y en la noche, a eso de las diez , sale a comer cualquier cosa. Dia y noche dejan de tener sentido, dan igual. Sin embargo sigue intentandolo, manda hojas de vida, escribe en los facebook de amigos, revisa fotos, asiste a eventos ( nunca más de dos por semana), pero lo hace un poco en contra de su propia voluntad. Preferiría seguir durmiendo, leyendo, dejando pasar el tiempo por encima de él(ella), a través de él(ella), y sabe ( porque ya tiene la seguridad de ello) que da igual porque ya nada va a cambiar. Ya es demasiado tarde, quizás hubiera podido cambiar las cosas antes pero ahora no hay nada que hacer. El fracasado es consciente de que la gangrena sigue avanzando, de que ya le ha costado una parte de sí. Entonces algunos lloran, otros no. Duerme en el piso, fuma como chimenea, sale a veces en la media noche a descargar la rabia gritando por calles vacias, o a buscar una pelea para sentir dolor, o causar dolor, o algo.
La gangrena es voraz, y el fracasado lo sabe. No le basta con las piernas, necesita consumir los brazos, el corazón, la cabeza. Es un otro que se ha apoderado exitosamente (...ironía?) de lo que el fracasado solía ser. Mira las fotos de hace cinco años y piensa en que entonces no sabía lo feliz que era, las muchas razones que tenía para sonreir, lo brillante que hubiera podido ser el futuro. Cierra los ojos, y a veces llora. Si no lo hace no es porque no quiera sino porque la gangrena, la nada, el tedio absoluto de saberse fundamentalmente inutil le ha tragado el alma, y ya no se siente nada de verdad. Deambula por la vida como si fuera un programa de televisión interactivo, todo da lo mismo, todo se siente igual. Todo ya ha sido visto antes, no hay esperanza, no hay nada nuevo. Caras desconocidas en roles viejos, caras conocidas en roles menos viejos. Todo es cansancio, todo es futil. Piensa, cree, sueña que la gangrena va a matarlo pero no. No se muere y tampoco llora, el tiempo de las lagrimas ya ha pasado.
Y finalmente, cuando ya todo ha concluido, se desmorona como una duna...
sábado, 2 de agosto de 2014
Mujer de Edward Hopper
Mucho tiempo despues, al recordar ese día en
que había despertado por primera vez sola, lo primero que le vino a la a mente fue la
intensidad del sol que entraba por por la ventana. La alarma había
sonado por varios minutos antes de silenciarse. No sentía ninguna necesidad de apagarla, ya no quedaba nadie a quien dañarle el sueño.
El sol le picaba en la piel, y afuera el mundo entero le parecía -sin gafas- una acuarela abstracta. Se fijó en colores que hacía mucho no notaba. Ya sentada, sintió deseos de no moverse. El día anterior había ido desmontando el apartamento, envolviendo los cuadros, guardando en cajas los libros, forrando con periodico los objetos fragiles. En la sala, las cajas a medio llenar esperaban. Su tarea seguía inconclusa. Habría podido seguir durmiendo.
Un pensamiento la invadió, el mundo estaba lleno y ella, como su habitación, vacía. Podría quedarse allí, sentada, acostada, esperando a despertar de verdad para descubrir que todo había sido un sueño. Y lo hizo, permaneció allí hasta mucho despues de que empezaron a dolerle las piernas y la espalda. Su piel se enrojeció y le ardía. El sol se desplazó por su habitación hasta desaparecer al pie de su ventana. Entonces se levantó, y caminó hacia la sala. No quiso comer ni beber, el estomago le dolía y sentía la lengua pesada como si fuera un trapo en su boca.
Lo que más recuerda de ese primer día en que tuvo que despertar sola, es que todo le dolía pero había sobrevivido. Y acompañada por sus dolores se había sentido menos sola.
El sol le picaba en la piel, y afuera el mundo entero le parecía -sin gafas- una acuarela abstracta. Se fijó en colores que hacía mucho no notaba. Ya sentada, sintió deseos de no moverse. El día anterior había ido desmontando el apartamento, envolviendo los cuadros, guardando en cajas los libros, forrando con periodico los objetos fragiles. En la sala, las cajas a medio llenar esperaban. Su tarea seguía inconclusa. Habría podido seguir durmiendo.
Un pensamiento la invadió, el mundo estaba lleno y ella, como su habitación, vacía. Podría quedarse allí, sentada, acostada, esperando a despertar de verdad para descubrir que todo había sido un sueño. Y lo hizo, permaneció allí hasta mucho despues de que empezaron a dolerle las piernas y la espalda. Su piel se enrojeció y le ardía. El sol se desplazó por su habitación hasta desaparecer al pie de su ventana. Entonces se levantó, y caminó hacia la sala. No quiso comer ni beber, el estomago le dolía y sentía la lengua pesada como si fuera un trapo en su boca.
Lo que más recuerda de ese primer día en que tuvo que despertar sola, es que todo le dolía pero había sobrevivido. Y acompañada por sus dolores se había sentido menos sola.
jueves, 9 de enero de 2014
B
Hoy se cumplen catorce años del día en que conoció a su primer gran amor. No se lo dirá a nadie, si acaso, al filo de la medianoche, se lo mencionará a sí mismo ante el espejo y luego se reirá; a nadie le importa, ya nadie la conoce. Él ha creido toda su vida en el poder de las casualidades, le gusta decir que las casualidades y los deja vu son la forma en que la vida nos indica que vamos por buen camino; pero no hubo nada casual en su encuentro.
Yo llegué al salón, y me dije: -Hey, este año sí vamos a conseguir novia, y el primer paso es encontrar a la mujer adecuada-. Yo estaba de pie y fuí de los últimos estudiantes en ingresar, así que miré alrededor, y dos mujeres me llamaron la atención. Las elegí muy bien, modestia aparte, una se convirtió en mi mejor amiga durante los siguientes años y la otra fue... bueno... tú sabes, la primera mujer que quise de verdad.
Se quisieron de una manera tierna e inocente pero intensa. Ella le dijo muchos años despues que se moria por que la besara, casi con la misma intensidad con que él había deseado hacerlo. Se tomaban de las manos y hablaban por horas, se abrazaban dulcemente, se escribían cartas interminables que intercambiaban en cada encuentro, ella era quien mejor lo comprendía y él quien más la conocía, se amaban pero jamás se besaron. Cuando se fue, por primera vez, la lloró. Se encerró en su cuarto durante dos días para languidecer. Luego, comió, bebió, se bañó, vió televisión y salió a pasear su perro. Continuó su vida, pero aún hoy los ojos le brillan si le preguntan por ella.
-Es dificil dejar de querer, yo he sido incapaz. Digo, ya no la amo, pero en un rincon de mi corazón sobrevive una especie de cariño por ella que encuentro inevitable.(...) He vuelto a querer, ¿sabes? he conocido mujeres a la que he querido con la intensidad con que la quise a ella; he vuelto a conocer personas con las que puedo ser dulce y tierno, tal como lo fuí con ella, e incluso más y en formas que con ella me hubiera sido imposible; he realizado viajes que planee con ella, pienso a veces en todas las cosas que podríamos haber compartido, vivido como pareja y que nunca hicimos, y quizás por eso la quiero, no por lo que fuimos sino por todo lo que nunca pudimos ser. Jamás he creido eso de que el primer amor es el mejor, no ha sido cierto en mi caso; si acaso ha sido el más pobre, el más necesitado, el peor vestido, el más hambreado. Y creo que por eso lo atesoramos tanto, porque queremos a los pobres, nos parecen nobles, honestos, recursivos, son heroes que queremos ver triunfar.
Yo llegué al salón, y me dije: -Hey, este año sí vamos a conseguir novia, y el primer paso es encontrar a la mujer adecuada-. Yo estaba de pie y fuí de los últimos estudiantes en ingresar, así que miré alrededor, y dos mujeres me llamaron la atención. Las elegí muy bien, modestia aparte, una se convirtió en mi mejor amiga durante los siguientes años y la otra fue... bueno... tú sabes, la primera mujer que quise de verdad.
Se quisieron de una manera tierna e inocente pero intensa. Ella le dijo muchos años despues que se moria por que la besara, casi con la misma intensidad con que él había deseado hacerlo. Se tomaban de las manos y hablaban por horas, se abrazaban dulcemente, se escribían cartas interminables que intercambiaban en cada encuentro, ella era quien mejor lo comprendía y él quien más la conocía, se amaban pero jamás se besaron. Cuando se fue, por primera vez, la lloró. Se encerró en su cuarto durante dos días para languidecer. Luego, comió, bebió, se bañó, vió televisión y salió a pasear su perro. Continuó su vida, pero aún hoy los ojos le brillan si le preguntan por ella.
-Es dificil dejar de querer, yo he sido incapaz. Digo, ya no la amo, pero en un rincon de mi corazón sobrevive una especie de cariño por ella que encuentro inevitable.(...) He vuelto a querer, ¿sabes? he conocido mujeres a la que he querido con la intensidad con que la quise a ella; he vuelto a conocer personas con las que puedo ser dulce y tierno, tal como lo fuí con ella, e incluso más y en formas que con ella me hubiera sido imposible; he realizado viajes que planee con ella, pienso a veces en todas las cosas que podríamos haber compartido, vivido como pareja y que nunca hicimos, y quizás por eso la quiero, no por lo que fuimos sino por todo lo que nunca pudimos ser. Jamás he creido eso de que el primer amor es el mejor, no ha sido cierto en mi caso; si acaso ha sido el más pobre, el más necesitado, el peor vestido, el más hambreado. Y creo que por eso lo atesoramos tanto, porque queremos a los pobres, nos parecen nobles, honestos, recursivos, son heroes que queremos ver triunfar.
martes, 7 de enero de 2014
A
Él había pasado toda su vida buscando una historia de amor que valiera la pena contarle a sus nietos y la encontró a ella, que pasó frente a sus ojos con la mirada hacia el frente y un poco arriba, como inspirada, con sus labios delgados y su boca recta, con una falda larga que ocultaba la manera en que caminaba (que podría o no, ser gracil y femenina) dando zancadas largas. Le pareció hermosa en ese momento, tenía el cabello largo y de un liso desordenado.
- No le dije nada porque no hubiera sabido como abordarla, cómo decirle: hey, cómo te llamas, ¿puedo tomarte una foto?, ¿tienes tiempo para que tengas una hija mia?, si nos casaramos ¿en qué barrio te gustaría vivir? Cómo convencerla, me entiendes, el problema no es saludarla, es conseguir que me permita conocerla. Ella me gustó, así de sencillo, pero es de esas cosas que uno piensa: es mejor ignorarlo. Es como cuando uno va en un bus y ve a esa mujer de ojos tristes con que uno soño la noche anterior y se pone de pie como por impulso pero luego se queda allí de pie y mira atrás sabiendo que no vas a bajarte, y que dejaste un trozo de tu alma allí, y que al dia siguiente, a los dos días, a la semana ya no te hará falta ese trozo. Así que la vi, la amé y la dejé irse. Es como lo que dicen: si amas algo, dejalo en libertad, si vuelve es tuyo...-
- No le dije nada porque no hubiera sabido como abordarla, cómo decirle: hey, cómo te llamas, ¿puedo tomarte una foto?, ¿tienes tiempo para que tengas una hija mia?, si nos casaramos ¿en qué barrio te gustaría vivir? Cómo convencerla, me entiendes, el problema no es saludarla, es conseguir que me permita conocerla. Ella me gustó, así de sencillo, pero es de esas cosas que uno piensa: es mejor ignorarlo. Es como cuando uno va en un bus y ve a esa mujer de ojos tristes con que uno soño la noche anterior y se pone de pie como por impulso pero luego se queda allí de pie y mira atrás sabiendo que no vas a bajarte, y que dejaste un trozo de tu alma allí, y que al dia siguiente, a los dos días, a la semana ya no te hará falta ese trozo. Así que la vi, la amé y la dejé irse. Es como lo que dicen: si amas algo, dejalo en libertad, si vuelve es tuyo...-
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