lunes, 25 de marzo de 2013

La muerte

Hace un par de días estaba hablando con una amiga de la muerte. Ella me decía que morirse era como harto porque se dejaba de sentir, de pensar, de querer, de ver, de respirar, de existir. A ella no le molestaba saber que un día iba a morirse pero le parecía aburrido dejar de estar viva.  Con todo, a veces, me dijo, anhelaba morirse para dejar de sufrir, para descansar, para no pensar tanto.

Yo le dije muchas cosas sobre la muerte que llevo años pensando y que preferiría no repetir por escrito; principalmente porque la mayor parte de las cosas las dije sólo para molestarla. Lo que sí es cierto es que, como he dicho muchas veces y a muchas personas, en algún momento de mi vida, la mayor parte de ella, fuí suicida.

Recuerdo que de niño me sentaba en el borde del techo del edificio en que vivía y contemplaba tirarme. Si nunca lo hice fue porque aunque era infelíz, la mia era una infelicidad crónica y nunca me pareció fuera de lo normal pensar las cosas que pensaba ni sentirme como me sentía. Pensé que todos pasabamos por eso, que todos pensabamos en morirnos todo el día, que todos nos cortabamos en los brazos, que todos, en las ciudades, viviamos como suicidas, caminando por las calles sin esquivar los peligros y sin temer a la muerte.

Recuerdo tambien que siendo adolescente intenté cortarme las venas un par de veces, para entonces no sólo estaba solo, estaba desesperado. Hay una sensación que me ha acompañado toda mi vida y que suelo explicar así: "Es que uno es uno solo", toda mi vida me he sentido en el lugar equivocado, como un pez de agua dulce en el mar, o como un negro en una reunión del Ku Kux Klan, o como una cebra en una fiesta de tigres. Nunca he conocido a alguien que me haga sentir parte de una manada, siempre he sido una manada de uno. Con los años he aprendido a aceptar mi unicidad y a disfrutar de conocer especimenes que me quieren aunque no sea como ellos, y a quererlos a mi vez. Pero en aquel entonces, cuando perdí el año, no había nadie a mi lado. Sólo estaba yo, mi boletin, un trozo de vidrio y las murallas. Me corté, sólo un poco y de manera superficial. Me levanté y fuí a casa, nunca en mi vida me había sentido tan solo pero sobreviví.

Recuerdo además a Bogotá, donde poco a poco me fuí quedando solo, donde esperaba encontrar a los mios y solo halle más dolor, más dudas y más silencios. Recuerdo que allí, en esa ciudad, planeé suicidarme dos veces, la primera me entretuve despidiendome del mundo, fumandome un ultimo cigarrillo, viendo mi último atardecer, contandome mi último día. De pronto se me hizo muy tarde y lo dejé para otro día. 

Ese segundo día me senté en el sillón, tenía en mis manos las pastillas que acabarían con mi vida, la bolsa que pondría sobre mi cabeza y un vaso de agua; pero entonces recordé algo y no fuí capaz de seguir. Estaba solo, triste, y desesperado, pero me acordé de ella que tambien estaba triste, sola y desesperada, y de que me había pedido no morirme. No te mueras, me había pedido una semana antes, no te mueras porque no sabría que hacer con mi vida si tú también te fueras. Estaba desesperado, pero no queria desesperarla a ella; estaba triste, pero ella me necesitaba para reir; estaba solo, igual que ella, y nuestras soledades no se mitigaba cuando estabamos juntos, pero se engañaban.  Eramos dos ciegos caminando por un laberinto, igual de perdidos los dos, igual de ciegos, igual de solos, pero los pasos del otro nos obligaba a caminar, a seguir buscando. Estabamos tristes, solos y jodidos, pero lo notabamos menos cuando estabamos juntos.

Ese fue mi último intento. La depresión continuó en mi vida por muchos años más, pero no el deseo de morir. Así, seguí viviendo, intenté sonreir más, reirme más, morir menos. Y sigo solo, sigo triste por ratos y en ocasiones me alcanza la desesperación, pero sigo adelante y sigo vivo, porque realmente no sé qué haría con mi vida si me muriera.

viernes, 4 de enero de 2013

Considerado

Se levantó temprano para decirle adiós aunque jamás se habia despertado antes de que ella lo hiciera. La sorprendió, entonces, con un desayuno en la cama, y le regaló un beso de buenos dias con un aliento fresco y mentolado. Se aseguró de no gastarse el agua caliente a la hora de bañarse y de usar su mejor caligrafia en la nota de despedida. La acompañó, ese día, hasta la puerta, y tuvo la decencia de lavar y secar los platos que habían usado esa mañana. Ya sin ella, recogió su ropa, hizo sus maletas, colocó la nota al lado del control remoto del televisor, junto a él dejó las llaves. La puerta estaba abierta, las maletas listas, los pies inquietos y ansiosos de empezar el viaje. Miró de nuevo hacia atrás esperando encontrar otra pequeña tarea que retrasara su partida. La puerta, abierta, esperaba, su pie derecho anhelaba que el izquierdo se moviera hacia el frente dando inicio así a la peculiar dinamica de caminar. Pero el lado izquierdo del cuerpo se negaba a partir.

El hombre repasó en su memoria cada pequeño detalle, -el gas está cerrado- se dijo, -y de todas formas no hay fugas en el apartamento-. Aún así, tras cerrar la puerta, revisó de nuevo el gas, las llaves del agua, cada uno de los focos, barrió bajo la biblioteca, se aseguró de haber tomado toda su ropa, y se lavó por ultima vez las manos en el baño.

Salió antes del medio día cuando dijo adiós. No quería verla cuando llegara a almorzar, pero se preguntó toda la tarde que habría cenado. Puso sus propias sabanas en la cama del hotel, derramó un poco de perfume, el mismo que ella usaba, en una de las almohadas para no extrañarla demasiado esa noche.

Se durmió tarde el día en que dijo adiós. Se preguntó si ella habría leido la carta, si ella habría intentado encontrarlo, si habría visto el mismo noticiero que el había visto, si podrían, por separado, volver a tomar cafe en los lugares que frecuentaban juntos. Se levantó tarde al dia siguiente, y deseó haberse quedado con la llaves, -¿quién sabe si ella será capaz de cuidarse sola?.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Escrito melancolico

Era más de la medianoche, y ambos estabamos sentados en ese espacio circular en el que la muralla hace una L. Al otro lado, sobre la carretera pasaban dos autos, el que se dirigia a la izquierda era negro, pero el otro, que iba en la dirección contraria, era el mismo modelo de auto que posee mi madre, en el mismo color, y por un momento sentí una punzada en el estomago y me pregunté si habría pasado algo malo. Busqué la placa con mis ojos, y tú hablaste justo en ese momento. -No era- respondí.  -Qué no era- preguntaste sin cambiar el tono.

Te he mirado cientos de veces. Sobre todo, he observado con atención tu rostro. He visto la manera en que te tiemblan los labios cuando estas pensando, cómo alzas la ceja derecha cuando te provoca algo que acabas de ver, cómo se te dilatan las pupilas cuando miras a mis ojos, cómo te limpias los dientes con la lengua sin abrir los labios, cómo giras los ojos cuando no te escuchan, cómo frotas los dientes mientras duermes, cómo empujas unos lentes invisibles hacia tu ceño a pesar de que no has usado gafas en todo el tiempo que tengo de conocerte. Conozco tu rostro mejor que tú misma, y te estaba mirando en ese momento pero no pude reconocer tu expresión.

Lo cierto es que nunca he sido muy bueno leyendo a las personas, por eso ante la duda sonreí, tomé tu mano y te dije que la luna estaba hermosa. Tú sonreiste, y me dejaste sostener tu mano. Me sentía algo incomodo y esperaba que repitieras lo que habías dicho para darte una respuesta adecuada. -¿Sabías- te dije - que hay un momento en la madrugada en que el mundo se queda en silencio? Subiste la ceja derecha y me guiñaste los dos ojos, como haces cuando estás feliz. Supuse que estabas interesada y continué: -Hay un momento alrededor de las 3 o 4, en el que todo se queda en silencio, las olas se callan, los grillos escuchan, las voces desaparecen, todo lo que produce sonido deja de existir. Es un pequeño momento, puede durar un segundo o diez, pero en ese momento todo es posible. La vida misma se reinventa, y es posible que, si parpadeamos en él, abramos los ojos a un mundo distinto-. Pusiste tu cabeza en mi hombro y dejé que mis dedos jugaran con tu cabello.

Para cualquiera que nos hubiera visto pareceríamos una pareja de enamorados. Te quedaste dormida y te deje dormir, no porque me guste verte hacerlo, sino porque habías tenido un día largo, porque la luna estaba linda, porque no quería levantarme, porque la brisa, el olor del mar, el sonido de las olas y los carros pasando a alta velocidad me hacían sentir como en casa. - Ésta es mi ciudad- dije pero no me escuchaste. -Te quiero- pensé en decirte, y no hubiera mentido, te quería. Abriste los ojos y me preguntaste si habías dormido. Te miré y moví la cabeza de un lado al otro. -No- te dije - sólo descansaste un poco los ojos, no te perdiste nada.- Me levanté y te ayudé a ponerte de pie, sacudiste tu falda y bajamos.

Caminamos hasta tu casa. Sólo la mitad de las farolas públicas servía, las calles estaban solas y oscuras, pero la noche era clara y la luna brillaba, gigante y amarilla en medio del cielo. Me tomaste del brazo, y apoyaste de nuevo tu cabeza en mi hombro. No caminabamos rapido, pero bajé aún más la velocidad, no quería llegar. Habían dado ya más de las tres, pero caminabamos como planeando los pasos; izquierdo, pausa, derecho, pausa, pausa, derecho, pausa larga, izquierdo.  No sentíamos miedo, te pregunté por qué estabas tan callada.-Tengo sueño- dijiste -Pero quiero escuchar el silencio contigo-.  Cuando llegamos me llamaste un taxi y esperaste conmigo desde el otro lado de tu reja.

Tenías en tu mano la manija que abria o cerraba. Yo deseaba que abrieras y salieras, o que me dejaras entrar, pero la mantuviste cerrada hasta que llegó el taxi. No hizo un solo sonido al detenerse, y cuatro cosas ocurrieron al tiempo: oímos el silencio, alzaste tu ceja, abriste la reja y mis ojos se cerraron involuntariamente. -Me voy- te escuché decir.  -Yo me voy- te dije -Ésta es tu casa, tú te quedas-. Sonreí y esperé que lo hicieras tú también. No lo hiciste. -Me voy- repetiste, y miraste atrás con un gesto extraño. Entonces vi lo desnuda que estaba tu casa. - Te vas- repetí sin terminar de procesar lo que ya había entendido. -Me voy- dijiste por tercera vez. El taxi pitó y tus labios se movieron. Cerraste la reja, pusiste seguro y entraste a tu casa sin mirar atrás. Subí al auto y me quedé pensando si habrías dicho gracias.

martes, 25 de diciembre de 2012

De mujeres locas.

Resulta que desde hace un par de días estoy intentando recordar qué pasó en mi vida, más o menos, en los últimos 12 meses. Mi plan es hacer un cierre de año en el que tenga claro qué fue lo bueno, qué fue lo malo y qué lo feo de mi vida mes a mes. Eventualmente publicaré eso, pero en medio del ejercicio se me ocurrió escribir sobre las mujeres locas.

Mi prima, quien además es posiblemente mi mejor amiga ( sí, puede ser algo patetico que la mejor amiga de uno sea también familia, pero la verdad no me importa) me dijo hace una semana que ella ha hecho todo lo posible ( incluso un poquito menos (bastante menos, evidentemente) porque ella sabe que yo me he tomado el asunto con calma) para conseguirme novia pero que las mujeres que conoce no son mi tipo. Añade además que no tengo sólo un tipo, tengo dos: las mujeres locas y las muy locas( sus palabras (aproximadamente, creo) no las mias( aunque admitiré que es posible que algunas partes o la totalidad de esta conversación haya ocurrido sólo en mi cabeza)).

La historia es que revisando mi historial anual, y analizando el tipo de mujeres que me han interesado en los últimos 14 meses ( decidí iniciar mi investigación con mis recuerdos de noviembre y diciembre de 2011 para asegurarme de no dejar nada, ni a nadie, por fuera), debo decir que he llegado a la conclusión de que efectivamente me gustan las mujeres locas. O más bien, quisiera aclarar, el único requisito indispensable que debe tener una mujer para enamorarme es no ser aburrida. (bueno, eso y que cumplan con mi corta lista de condiciones ).

 Y no es que por ser aburridas no sean merecedoras de cariño. Su admirable simpleza no las hace menos amables, su ingenio llano no las hace menos dulces, su necesidad de vivir una y otra vez las mismas tres experiencias no las hace malas personas.Ellas son lindas aunque sean aburridas, y por eso las quiero, las aprecio y respeto; el problema es que me cansan con facilidad.

Me aburre inmensamente hablar con ellas porque reaccionan siempre con horror o una sonrisa educada y distante.  Me cuesta trabajo hablar con ellas, pero sobre todo me cuesta trabajo hacerlas reir, o más bien, aceptar que no se van a reir. Parece ser que las mujeres decentes sólo se rien despues de estar casadas, y aún entonces sólo tienen permitido hacerlo en privado.

Me cansa realizar con ellas siempre los mismos planes, en su presencia incluso me asusta un poco proponerles cosas nuevas porque sé que o se van a negar o van a recordarme todo el tiempo que no están disfrutando del cambio, que preferirían estár haciendo cualquier otra cosa.

Lo cierto es que quiero a las mujeres locas porque son animales salvajes, que nunca sé como van a reaccionar, porque me sorprenden, porque dudan y se dudan, porque se arriesgan, porque les importan cosas, porque aunque se construya una rutina con ellas, es siempre mientras tanto ( como la calma antes de la tormenta) es una rutina tensa de la que en cualquier momento puede saltar la sorpresa.

Me gustan las mujeres locas porque rien y lloran sin verguenza. Porque deciden dedicar su vida a cosas inesperadas y se comprometen al 100% por ciento. Porque si alguna vez volaste con ellas sabes que aunque quemes tus alas, te estrelles contra el piso a velocidad terminal, te envenen con muffins que saben a plastilina o te pierdas en medio del mar, siempre fue mejor acompañarlas que dejarlas partir.
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jueves, 20 de diciembre de 2012

Carta para dictar.

Querido lector o Querida lectora (dos puntos)


Asumo que sobreviviste al fin del mundo y que de igual manera lo hicieron otras personas (coma) o que en su defecto el internet está de nuevo funcionando(punto seguido) No estoy seguro de si considerarte humano (coma) humana o si eres otra cosa (punto y aparte)

Si eres otra cosa(coma) me gustaría que me adjuntaras una foto, un retrato o una descripción escrita de ti y tu raza a mi correo(dos puntos) rauljpadron@gmail(punto)com (punto)  Prometo revisarlo la proxima vez que tenga la oportunidad (punto y aparte)

Primero que nada (coma) quiero pedirte perdón por el desorden que dejamos en el proceso de extinción terraquea (punto) Pero (coma) aqui entre nosotros dos(coma) no estabamos del todo seguros de qué tan en serio era el anuncio de desalojo(punto) Imaginate que todos los años recibiamos uno nuevo pero nunca llegó la policia (coma) ni el dueño de la propiedad hizo acto de presencia (punto) Todo se quedó siempre en sólo amenazas y llegamos a creer (coma)con justa causa pienso yo (coma) que eran bromas que nos jugaban los niños del vecindario (punto y aparte)

Nos preguntabamos además (coma) y espero entiendas nuestro proceso de pensamiento (coma) que el dueño del inmueble se había olvidado de la existencia del mismo (punto) Nunca había cobrado arriendo (coma) nunca se hizo responsable de las goteras (coma) los desperfectos en el piso (coma) las variaciones extrañas de temperatura y humedad entre las diversas zonas de nuestra residencia (abre parentesis) lo que causó problemas de humedad, sabañones e inundaciones en algunos cuartos (coma) mientras que en otros el calor asfixiante produjo daños en nuestra piel y acabó con el jardín que tenía  instalado el inmueble cuando nos mudamos originalmente (cierra parentesis), y más preocupante aún (coma) había hecho oidos sordos a todos nuestros intentos de contactarlo para que hiciera las reparaciones necesarias (punto) En vista de lo anterior (coma) asumimos que la propiedad de la residencia había pasado a ser nuestra (punto y aparte)

No sé como funcionen las cosas a nivel planetario(coma) pero en mi país (coma) los residentes de una casa se hacen propietarios de la misma cuando se cumple un periodo de tiempo determinado sin que el propietario haya hecho acto de presencia o se haya hecho responsable del bienestar de los inquilinos(punto) Mi punto es que siento que fuimos desalojados (abre parentesis) o exterminados (no estoy seguro de cómo ocurrieron las cosas (cierre parentesis)  de manera intempestiva (coma) injusta (coma) violenta y probablemente ilegal(punto) Ahora (coma) yo no te conozco(coma) cuando tenga la oportunidad leere tu descripción o miraré tu foto y decidiré si me agradas o no (punto) Y porque no te conozco no tengo nada en contra tuya(coma) por lo que casi me atrevería a asegurar que me caes bien(punto y aparte)

Porque me caes bien (abre parentesis) por ahora al menos (cierre parentesis)  y porque muy probablemente yo ya no tenga acceso al planeta tierra(coma) quiero ofrecerte algunos consejos para residir en él(punto y aparte)

El primer consejo es que siempre lleves una toalla contigo(punto) Y no lo digo solamente por el gran numero de ambientes humedos que posee la residencia (coma) sino por que el techo tiene la mala costumbre de acumular humedad(coma) y en cualquier momento toda esa agua puede precipitarse sobre los habitantes sin dar aviso(punto y aparte)

Hablando de precipitaciones(coma)el segundo consejo es que debes tener cuidado al pasear por la zona norte de lo que nosotros conociamos como europa(punto) porque podrías preciparte hacia una muerte segura o al menos un chapuzón. Si necesitas ayuda para ubicarte puede escribirme a mi correo y te adjuntaré un mapa preciso(punto) Hay lugares en que evidentemente el constructor no midió bien e instaló piscinas de agua salada justo al lado de praderas montañosas (coma) no (coma) no instaló playas ni escaleras(punto y aparte)

El tercer consejo es que tengas mucho cuidado con los animales blanquinegros (coma) porque todos sin excepcion son asesinos despiadados (coma) cazadores infalibles y se ven muy tiernos en peluche(punto y aparte)

La cuarta cosas que quiero decirte es que (coma) si algunas de nuestras edificaciones aún se mantienen en pie (coma) me gustaría que hicieras una de dos cosas con ellas (punto) O bien que disfrutes de ellas (coma) caminalas con tu pareja (coma) tomate fotos (coma) intenta comertelas (abre parentesis) no estoy seguro de qué es lo que comes (coma) pero haz el intento (coma) a mí siempre me supieron rico algunas de ellas(cierra parentesis) y sientate en ellas a ver el atardecer (punto y coma) la segunda opción es que nos mandes todas las que encuentres a nuestra nueva dirección(punto) prometo que pagaremos contra entrega(punto y aparte)


Hablando de dinero(coma) nos gustaría saber si nos van a indemnizar por los inconvenientes que nos causó el desalojo (abre parentesis) o exterminio(coma) o ambos (coma) lo que sea que haya ocurrido con nosotros (cierre parentesis) y en qué medida(punto) Querido amigo (coma) no quiero que pienses que sólo me mueve el dinero (coma) no te escribí con la única intención de inquirirte por esta peliaguda cuestión(punto) Pero sí me placería en gran medida que averiguaras con el propietario cómo va ese proceso que seguro ya instauramos hace un tiempito(punto)

Sin más razones para extenderme y con la completa seguridad de que harás todo lo posible por solucionar nuestra problematica (coma) le doy punto final a esta amistosa misiva(punto final)


Con cariño(coma)

Raúl Padrón (abre parentesis) el de las gafas y el pelo desordenado(cierra parentesis)




martes, 18 de diciembre de 2012

Un poema tonto

Un día quise, creo,
tuve, al menos, la certeza de hacerlo
o al menos la sensación inequivoca de sentir algo cercano al amor.
Otro día, me perdí en unos labios
que recorría, lúbrica e indolente, con un dedo
una mujer, que oscura, compartía conmigo un trago.
En otro momento, quise querer
a dos ojos grises y a la mujer que nacía de ellos
y me jugué la vida por una sonrisa que nunca floreció completa.

He contraido el amor, tal vez
cómo quien enferma de gripa,
por accidente.
Lo he convalecido
por periodos cortos e intensos
en que quiero estar solo para no molestar.
He ido al medico,
de vez en cuando,
para asegurarme de que no es más que un resfrio
un pequeño desatino de mis defensas,
no una bronquitis, asma o tisis
sólo una pequeña indisposición temporal.

He contraido el amor, urgentemente,
como quien enferma de varicela.
Entonces ha florecido en mi cuerpo
le ha hecho inhabitable
las ausencias le ahogan,
le ponen nervioso,
y me he visto entonces recorriendo las calles apresurado,
buscando remedio para la comezón amorosa.

He querido sufrir del amor pausado
invasivo e incurable del oxido
de un amor que me corroa y cubra
que ponga la muerte frente a mis ojos
y me pida huir de ella.
Hoy no querría curarme de ti.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sabes cómo es esto. Te sigues haciendo preguntas y te sigues respondiendo cosas, y puedes seguir alegando que eres brillante. Que has seguido el camino del sol, de buscar la sabiduria, la filosofía, el sentido de la vida en los ritos mundanos, en la sencillez de los sentidos, en los placeres que son para siempre hasta que acaban. Pero de vez en cuando miras al otro lado, y tu yo mistico, filosofico, necesitado de misterio y de grandes verdades, te hala.

Sabes cómo es, te hace falta lo denso, lo pesado, las teorias, ese otro conocimiento, pero ya no sabes si eres capaz de sumergirte en él. Y eres feliz, en parte porque te has hecho liviano, pero ¿acaso no eras feliz antes? Quizas incluso más feliz que ahora. Tal vez, no estás seguro... Por ahora vas a leerlo a él, quizás luego le escribas, ¿es eso lo que necesitas? ¿otro guia espiritual? ¿otra figura paterna? ¿otro modelo en quien transformarte? Tal vez,  pero ¿hasta cuando? ¿Acaso llegará el día en que puedas contentarte con ser tú, y ya no necesites de una figura paterna que te apoye?

No sabes la respuesta. No sabes nada, y eso te inquieta.