lunes, 16 de septiembre de 2013

Ojos

Como un juguete sin baterias yace la mole que fui
Quiero recordar mi nombre y escucho alas batirse
El tiempo, cangrejo magenta, avanza insidiosamente
Es imposible cualquier movimiento distinto al olvido.
Ser devorado se siente como un masaje,
El sol cenital me hace anhelar la ceguera
Pero ninguno reclama los dos globulos blancos
Que supuse eran un premio por duplicado para los carroñeros.
Espero.

sábado, 24 de agosto de 2013

Dos poemas malos.

Tres meses


Para ser un nosotros,
Para soñar futuros,
Para nombrar lo que aún no existe,
Tres meses son poco;
Para reinventarme,
Para desarmarme y amarte,
Para armarme y desamarte...

Ocurre en un solo movimiento
darte la bienvenida con un abrazo
y decirte adiós.

Pero noventa noches son demasiadas,
eso se me ocurre,
para construir algo
que arrojaremos al fuego.





Para alguien que sueño conocer.


Cuando existas,
si un día existes
deseo que tengas girasoles por ojos
que miren al mundo con sorpresa
y que reconozcas la miriada de colores
del verdiazul mar.
Deseo que tus manos
sean como arañas
firmes a la hora de sostener
y rápidas a la hora de soltar
que posean la delicadeza de las tejedoras
y sepan inyectar veneno.
Deseo que tus pies no se cansen,
que recorras cuanto del mundo sueñes
y en cada partida dejes algo atras
y lleves contigo algo nuevo.

Si un dia existes,
cuando lo hagas,
deseo que tengas un corazon grande y valiente
que ames sin memoria ni expectativas
pero nunca aceptes recibir lo que no mereces.
Deseo, para ti, que te disfrutes
que goces del milagro de no ser otra persona.
Que conozcas los mapas
pero hagas tu propio camino
que no te sientas orgullosa de lo que sabes
sino de todo lo que has aprendido.

Te deseo que madures y envejezcas con gracia
y principalmente, antes que todo lo demás,
que te sientas forzada a cumplir con mis deseos
sólo si coinciden con los tuyos.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Atardecer

‒Esto es lo que sucedele dijo mientras sacaba su cabeza de entre las piernas de ellaquiero aprenderte. No me interesa escriturarte ante un juzgado para que el mundo sepa que me perteneces, no busco introducirme en tus selvas, ni la metaforica, ni la real.

Ella no pudo contener una sonrisa, se sonrojó además, pero no cruzó las piernas. 

‒No me verás aferrado a tu cuerpo para evitar que te levantes en las mañanas. Yo no espero convertirme en una parte de tu cuerpo, un apendice del que puedas y debas desprenderte para vivir en paz. Lo que quiero es aprenderte, quiero ser capaz de invocar tus rodillas a mi memoria con la misma facilidad con que puedo recordar las mias, quiero que mis manos sigan sintiendo el eco de la forma en que tus senos se acomodan en ellos por el resto de mi vida. Quiero ser incapaz de saber si cuando soy yo,  soy yo siendo yo o si soy el yo que tú serías si jugaras a ser yo. No deseo poseerte de ninguna manera, al contrario, quiero que me poseas, me fagocites, que me trague tu marisma, quiero ser el abono de la mujer que serás mañana. Quiero que me comas y que, cuando ya no me necesites más, me excretes. 

Ella se rió y él entró al pequeño baño. Dejó la puerta abierta, presuntamente a ella le gustaba mirarlo mientras se vestía.  En la cama, ella jugaba con un mechon de su cabello rizado y sonreía. 

‒Todas las semanas haces lo mismodijo sentandose te juro que a veces pienso que me pagas sólo para decirme todas las cosas cursis que se te ocurren durante la semana.

Escupió el agua en el lavamanos y la miró.

‒Sabes que las digo en serio. 

‒A veces te creo dijo ella pero luego pienso que las mismas cosas se las debes decir a todas. 

Él salió del baño y delicadamente se dirigió a la silla sobre la que había dejado su camisa. 

‒No, a todas no. Sabes que sólo digo ese tipo de cosas cuando las siento de verdad.

 Hizo silencio y la miró. 

‒Lo que debe ocurrir entonces es que las sientes a menudo respondió ella sonriente he escuchado historias sobre ti. 

Mientras pensaba en una respuesta, Camilo notó que los rayos dorados del sol, provenientes de la ventana, inundaban la habitación y se arrepintió de no haber llevado su cámara. El atardecer resaltaba el color de la mujer (que permanecía desnuda, sentada y descubierta) y de sus ojos almedrados.

‒Helenale dijo arrebatado por la inspiración por ti, esta tarde, arrojaré mil navios hacia la guerra, es decir hacia el naufragio y la muerte; ven y asomate a la ventana para que los veas conmigo. 

Ella estiró perezosamente una pierna y luego la otra, continuó con cada dedo de sus pies, uno a uno. Los miró  detalladamente. 

‒¿Te gusta el color de mis uñas?preguntó coqueta.

Giró sobre sus nalgas. Puso los pies en el piso, primero el izquierdo y luego el derecho. Se levantó en toda su dorada desnudez. En la ventana, asomó la mitad de su cuerpo y apoyó los codos en el marco. 

‒¿Donde están los barcos que por mí lanzas hoy a la guerra, Ulises? ¿Dónde está el tributo para tu diosa?

 Camilo sonrió y consideró corregirla, pero se contentó con pellizcarla en el vientre.

‒Has tardado mucho en venir, ya no los verás, mis hombres morirán sin haber atestiguado la gloria de tus senos atardecidos.

‒Me gusta verte desnuda.

‒A mí me gusta estar desnuda contigo, me haces sentir bienvenida. 

‒¿Tenemos tiempo? 

‒Más que suficiente. 

Ella volvió a la cama y se acostó con los brazos y las piernas abiertas. Él se acercó a ella, se inclinó a su lado y acercó los labios a su ombligo, por un momento consideró besarlo pero cambió de idea y, con sus labios presionados contra la copa del ombligo, sopló con fuerza. 

Ella rió Eres un niño.

Puso su oido en el seno izquierdo de ella y contó 79 palpitaciones de su corazón. Entonces bajó al estómago, cerró los ojos y escuchó la maquinaria interna. Registró e imaginó cada pequeño rugido, goteo, frote, giro y estiramiento de los organos del vientre. Abrió los ojos, que apuntaban hacia el pubis, y con delicadeza enredó y desenredó un dedo en los vellos que lo cubrían. Ella le acariciaba la cabeza con ternura, como una madre, y su vientre sonaba feliz. Se quedó suspendido entre un sueño y el estómago de ella hasta que sonó la alarma.

‒Tengo que irmedijo ella suspendiendo las caricias.

Se levantó y fue a vestirse en el baño, llevó una sábana para cubrirse. Una vez que se acababa el tiempo regresaba el pudor. Él yació con una beatífica sonrisa en la cara hasta que la escuchó abrir la puerta. 

‒Espera.‒ y luego ‒¿Nos vemos de nuevo la proxima semana?. 

‒Depende de ti, bebé. 

Salió y cerró la puerta tras ella.

Mientras bajaba las escaleras oyó que la puerta se abría, y a continuación escuchó los pasos apresurados de él, quien saltaba los escalones para alcanzarla. Lo esperó en el descansillo. 

‒Quería decirte algo, y no podía esperar a la proxima semana. 

‒¿Qué sería?. 

‒ Que tienes razón, a todas les digo lo mismo y a todas se lo digo en serio. 

‒ Pero eso ya lo hablamos, nene, y me da igual. 

‒ Sí, pero quiero que sepas que a ti te lo digo más en serio que a ninguna, tú me despiertas ternura. 

Ella lo miró, el pelo desordenado, los pies descalzos, las uñas largas, la camisa mal abotonada y la cremallera abierta. 

‒Yo también quería decirte algo que no podía esperar. 

‒¿Qué sería? preguntó pariendo un silencio tenso que ella no rompió por al menos un minuto. 

‒Algo, pero no recuerdo qué sería.

‒Da igual, siempre nos veremos la otra semana.

‒Sí... nos veremos -contestó ella bajando la mirada.

Él se quedó de pie en el descansillo viendola bajar las escaleras. Cuando la perdió de vista, como si despertara de un sueño, con gestos aletargados se subió la cremallera e inició su ascenso.


martes, 23 de julio de 2013

Requiem

Me pregunto si estarás allí cuando muera. Tú sabes,  en esa rapida sucesion de imagenes que será mi vida al pasar frente a mis ojos. Me pregunto si sería el mismo de no haberte conocido; si tendría ahora un trabajo, una novia, y un pedazo de algo en el lugar de mí donde guardo tu ausencia.Si estuvieras ahora disponible para charlar ¿querriamos hacerlo? o ¿nos haríamos preguntas sin esperar no dar respuestas?.Quizás me preguntarías ¿ por qué me olvidaste?Yo querrìa saber ¿por qué te fuiste?¿Por qué nunca me buscaste? dirias bajando la mirada.¿Por qué no dejaste uno de tus lentes bajo mi puerta? Diría con los ojos aguados.¿Acaso llené con mas muertes y fantasmas la ciudad en que soñaste ser feliz? podrías continuar.¿No podías esperarme un tiempo para ser dos en la ciudad inmovil?  Respondería, claramente a punto de llorar.¿Ser dos para siempre o sólo por un rato?

Ser dos para siempre, por un rato, mientras dure la vida, mientras aceche la muerte, mientras siga disgustandote tu cuello, mientras siga molestandome el perfume y mis piernas, mientras siga disfrutando de peliculas absurdas que solo veía para estar a tu lado, para oler tu olor de mujer, para sentirme rey de un mundo imaginario que creé solo para regalartelo. Es duro aceptar que decir adios es parte de la vida, nunca me ha gustado decir adios, solo hola, y no quería decirte adios entonces, no quiero decirte adios ahora, a pesar de los años, a pesar de los nuevos rostros, de los nuevos horizontes posibles. Pero hoy te despido, estuve pensando y sé que la mujer que conocí murió hace tiempo, y que la mujer que eres ahora es feliz, mucho más feliz de lo que jamás hubiera sido de haberse quedado jugando conmigo. Y eso es todo. Adiós y hasta siempre mi querida Katy.

sábado, 13 de julio de 2013

Ejercicios de Escritura

Una lista.

 12 Razones para no escribir una lista.

1. Porque la descripcion a través de listas es, historicamente, un ejercicio de tradicion anglosajona, mientras que los hispanos solemos preferir las historias.

2. Porque en ocasiones, el primer item en la lista parece englobar todos los posibles items posteriores y por tanto hace innecesario un segundo item.

3. Porque la jerarquizacion en las listas suele parecer arbitraria y, a menudo, de hecho lo es.

4. Porque las listas deben contar un numero de items redondo ( 5 o 10), y uno prefiere numeros arbitrarios ( 17 o 3 y medio)

5. Porque las listas representan una organización vertical, propia de la lógica aristotelica, cartesiana y burguesa, y uno por otro lado se inclina más hacia la anarquia.

7. Porque si no se tiene cuidado uno puede saltarse items en la lista como el 6.

6.Porque si uno no tiene ganas de hacer una lista, es posible que abandone su escritura justo en la mitad.


Un texto

Entre marzo y junio del 2005, nuestro personaje utilizó un rubí firmemente engarzado en un aro de metal como llavero. El rubí era del tamaño de la mano de un bebé, y de un escarlata intenso y brillante. El precio de un rubí de ese tamaño y calidad es astronómico, y a él le gustaba enseñarselo a sus visitas de confianza, para luego, mientras ellos admiraban su preciosa posesión, contarles que le había salido baratisimo porque su anterior propietario, contaba, -Tenía que salir rapidamente del país, y necesitaba el dinero con urgencia-, y en consecuencia había aceptado venderselo por una pequeña fracción de su precio.

A mediados de junio. un viejo amigo, un joyero de la ciudad, lo visitó en la oficina. Nuestro personaje sabía que poseía una piedra extremadamente preciosa, pero quiso aprovechar la visita para averiguar cuantos digitos tenía su valor. Al presentarle el rubí, el joyero se quedó en silencio, lo tomó en sus manos, le dio vueltas, lo examinó con cuidado y dijo -muy bonito- Nuestro personaje se sonrió satisfecho, ¿Cuanto podrían darme por él?. Veinte o treinta. ¿Millones?. Mil, veinte o treinta mil pesos, es un trozo de cristal muy bonito, pero nada más.

Desde ese mismo día, su llavero con rubí quedó relegado a una pequeña caja de madera en su armario. Y de allí no ha vuelto a salir.

Un texto con solo un adjetivo.


Su cuerpo calzaba un vestido que ondeaba con el viento cada vez que, al dar un paso, una de sus piernas avanzaba. Izquierda, y una onda recorria su traje desde su rodilla hasta su mano . Derecha, y una onda similar se estrellaba en su antebrazo. Tenia zapatos de tacon que percurtían las tablas del piso. Toc sonaba cada paso. Toc toc, como martillazos o aldabas. Sonreia, enseñando los dientes pero no las encias. Su cabello ondeaba como bandera. Sus ojos, abrazadores a causa de la miopia, custodiaban la punta de su nariz e ignoraban el desnivel al que se acercaba con cada paso.

martes, 4 de junio de 2013

Qué dramatico soy

Hoy planeaba publicar una historia sobre unas ratas que hicieron un laberinto para dejar de temerle a un gato, sobre una rata ciega que vió más lejos (como todos los ciegos legendarios), sobre un gato epicureo, una mujer que contaba, una traición oscura, dos ratones grises que fueron más lejos que cualquier otro animal y una sabana rosada de patitos amarillos. Pero ahorita estaba revisando los borradores de mi blog y encontré algo que escribí el día en que tomé la decisión de irme para bogotá el año pasado a hacer unas entrevistas y buscar(me) a Raúl(yo) para que escribiera la tesis. Fue un 19 de Agosto cuando escribí:

"(...)podría escribir aquí que planeo ir a Bogota para meterme en una pelea y hacerme matar, para morirme en la ciudad donde debí hacerlo hace años, y igual nadie va a leer esto, nadie va a comentar, a nadie le importa.

Sorprendentemente no es así. Voy a Bogota a buscarme y a curarme, estoy emocionalmente cansado, agotado, no tengo fuerzas, energías, ni deseos para hacer las cosas que debo hacer. Ni para decir las cosas que quiero decir, ni para escaparme.Voy a buscar razones por las que aguantar esto, razones para pensar que todo lo que he hecho y soportado en los últimos años me ha hecho una persona mejor y que SÍ vale la pena ser una persona mejor. Aunque antes fuera más exitoso y más creativo, aunque ahora me sienta incapaz de narrar algo que me satisfaga, me esté haciendo estúpido, y en mi vida ya nunca pase nada interesante.

La verdad, es que ya no soy especial, y me jode. Y no sé si pueda volver a serlo. Pero si pudiera ir y aprender que nunca fui especial, que sólo era mala gente, tal vez podría aceptar todo esto."

Fue un sabado tenso, no recuerdo exactamente que cosas habían pasado pero estaba de mal humor y ansioso, por lo que salí a caminar a eso de las 8:30 pm. Caminé hasta el centro, y rodeé el centro por la parte de afuera de las murallas desde el reloj público hasta el boquetillo que queda cerca de la casa del nobel. Caminé hasta el parque Simón Bolivar y me senté a mirar y pensar. Como siempre que estoy ansioso, sentí muchas ganas de fumar, y como estaba amargado acepté hacerlo. Me fume quizás dos o tres cigarrillos sentado en el parque y pensé en que sería bueno huir. Tenía algo de dinero en el banco, algo más en la tarjeta de credito y no se necesita mucho para ir a cualquier lado para fingir ser otra persona, hasta quizás podría irme para Chocó y hacerme util o algo, pero en ese momento pasó un profesor de la Javeriana, y quise saludarlo, iba con una mujer que tenía pinta de ser su esposa, y supuse que estaban de luna de miel. Siempre pensé en él como uno de mis profesores amigos, de esos que lo tienen a uno en alta estima y que creen en uno.

Ellos pasaron y yo me levanté para seguirlos, iba sin prisa, seguro iban a cenar en alguna parte y podría acercarme y saludarlos, decirle "Profe" o "Miguel, como está". Me pusé a pensar qué podría decirle después, cómo continuar la conversación, Por qué habría de escucharme.  No se me ocurrió nada. No tenía nada que decirle, pero me di cuenta de que sí tenía algo que preguntarle, ¿cómo era yo?

Quienes me conocen saben que cada cierto tiempo olvido mucho de mi historia, y recuerdo muy poco de mis años en la javeriana pero recuerdo tres cosas muy claramente, habían mujeres interesadas en mí,  estaba muy deprimido y tenía muy pocos amigos. Yo siento que hoy soy una persona distinta, ahora no me llueven las mujeres, ahora no suelo estar deprimido y ahora tengo amigos de verdad. Pero en contraposición antes aparentemente era interesante, ahora siento que soy aburrido; antes era muy creativo, ahora sé que podría escribir cualquier cosa bien pero no se me ocurren tantas ideas, y antes era más antipatico y pedante.

No pude encontrarlo, pero sentí la necesidad de resolver esa duda y quise irme para Bogotá, dedicar una semana a buscar personas que me hubieran conocido para saber si antes era mejor o si el tiempo me había mejorado. La versión oficial indica que ya tenía planeadas algunas entrevistas para mi tesis antes de decidir viajar, la verdad es que la cita (porque solo fue una) fue pensada y acordada un día antes del viaje. No encontré a nadie, pero visité mi antigua facultad y casi rompo a llorar, las mismas secretarias que cuatro años antes, y ninguna me reconoció. Los mismos tenderos, los mismos edificios con pequeñas modificaciones. Busqué personas en lugares claves de la ciudad que ya no existian, o las personas nunca llegaron. Así que en mi viaje fui a cine, comí helado, fui a una biblioteca  a leer, visite museos, dormí, lloré y me encontré a mí, me di cuenta de que había cambiado, y de que estaba feliz de haberlo hecho. Así que volví con Raúl y escribi la tesis en tres semanas.

Y pues me siento bien con eso de que no me lluevan mujeres, puedo aceptar no ser tan creativo como antes, puedo vivir sin volver a ser interesante, pero quiero a mis amigos y sé que me quieren, además creo en su cariño y creo en mi valor. Y esas dos últimas cosas son algo que nunca tuve antes, quizás nunca vuelva a tener la oportunidad de hablar con una argentina llamada carolyn que se enamore de mi por mis escritos, pero sé que no voy a volver a romper el corazon de alguien que me quiere (en varias ocasiones) solo porque no puedo entender que alguien pueda quererme.

lunes, 25 de marzo de 2013

La muerte

Hace un par de días estaba hablando con una amiga de la muerte. Ella me decía que morirse era como harto porque se dejaba de sentir, de pensar, de querer, de ver, de respirar, de existir. A ella no le molestaba saber que un día iba a morirse pero le parecía aburrido dejar de estar viva.  Con todo, a veces, me dijo, anhelaba morirse para dejar de sufrir, para descansar, para no pensar tanto.

Yo le dije muchas cosas sobre la muerte que llevo años pensando y que preferiría no repetir por escrito; principalmente porque la mayor parte de las cosas las dije sólo para molestarla. Lo que sí es cierto es que, como he dicho muchas veces y a muchas personas, en algún momento de mi vida, la mayor parte de ella, fuí suicida.

Recuerdo que de niño me sentaba en el borde del techo del edificio en que vivía y contemplaba tirarme. Si nunca lo hice fue porque aunque era infelíz, la mia era una infelicidad crónica y nunca me pareció fuera de lo normal pensar las cosas que pensaba ni sentirme como me sentía. Pensé que todos pasabamos por eso, que todos pensabamos en morirnos todo el día, que todos nos cortabamos en los brazos, que todos, en las ciudades, viviamos como suicidas, caminando por las calles sin esquivar los peligros y sin temer a la muerte.

Recuerdo tambien que siendo adolescente intenté cortarme las venas un par de veces, para entonces no sólo estaba solo, estaba desesperado. Hay una sensación que me ha acompañado toda mi vida y que suelo explicar así: "Es que uno es uno solo", toda mi vida me he sentido en el lugar equivocado, como un pez de agua dulce en el mar, o como un negro en una reunión del Ku Kux Klan, o como una cebra en una fiesta de tigres. Nunca he conocido a alguien que me haga sentir parte de una manada, siempre he sido una manada de uno. Con los años he aprendido a aceptar mi unicidad y a disfrutar de conocer especimenes que me quieren aunque no sea como ellos, y a quererlos a mi vez. Pero en aquel entonces, cuando perdí el año, no había nadie a mi lado. Sólo estaba yo, mi boletin, un trozo de vidrio y las murallas. Me corté, sólo un poco y de manera superficial. Me levanté y fuí a casa, nunca en mi vida me había sentido tan solo pero sobreviví.

Recuerdo además a Bogotá, donde poco a poco me fuí quedando solo, donde esperaba encontrar a los mios y solo halle más dolor, más dudas y más silencios. Recuerdo que allí, en esa ciudad, planeé suicidarme dos veces, la primera me entretuve despidiendome del mundo, fumandome un ultimo cigarrillo, viendo mi último atardecer, contandome mi último día. De pronto se me hizo muy tarde y lo dejé para otro día. 

Ese segundo día me senté en el sillón, tenía en mis manos las pastillas que acabarían con mi vida, la bolsa que pondría sobre mi cabeza y un vaso de agua; pero entonces recordé algo y no fuí capaz de seguir. Estaba solo, triste, y desesperado, pero me acordé de ella que tambien estaba triste, sola y desesperada, y de que me había pedido no morirme. No te mueras, me había pedido una semana antes, no te mueras porque no sabría que hacer con mi vida si tú también te fueras. Estaba desesperado, pero no queria desesperarla a ella; estaba triste, pero ella me necesitaba para reir; estaba solo, igual que ella, y nuestras soledades no se mitigaba cuando estabamos juntos, pero se engañaban.  Eramos dos ciegos caminando por un laberinto, igual de perdidos los dos, igual de ciegos, igual de solos, pero los pasos del otro nos obligaba a caminar, a seguir buscando. Estabamos tristes, solos y jodidos, pero lo notabamos menos cuando estabamos juntos.

Ese fue mi último intento. La depresión continuó en mi vida por muchos años más, pero no el deseo de morir. Así, seguí viviendo, intenté sonreir más, reirme más, morir menos. Y sigo solo, sigo triste por ratos y en ocasiones me alcanza la desesperación, pero sigo adelante y sigo vivo, porque realmente no sé qué haría con mi vida si me muriera.