Yo no soy la persona más interesante del mundo, por lo tanto en cuanto ocurre algo que para mí es medio importante quiero contarle a todo el mundo. Así que una semana después de haber entregado mi anteproyecto de tesis, creo que todo el mundo ha escuchado sobre mi revista literaria para la carrera de comunicación social de la UTB. Pero no este proyecto no sólo es importante porque es mi anteproyecto, sino porque me permitió explorar lo que ha significado para mi la literatura.
Hace dos semanas o algo así, leí un artículo de Carolina Cuervo en que decía que ella no había llegado a la lectura desde niña, que había sido como un gusto que adquirió, un poco obligada, en la universidad y si el cual ya no imagina la vida, pero que no fue un libro el que la enamoró de la lectura. Yo no recuerdo si fue así en mi caso o no, he leído tantos libros que a menudo no sé sí mis recuerdos son cosas que viví o que leí que otra persona vivió; pero hay muchos libros que mantengo cercanos a mi corazón porque cambiaron mi vida, como El Tunel.
El Tunel fue la primera historia que leí en la que el criminal narra lo que hizo, no con la pretensión de defenderse, sino con la intención de compartir su historia. Y me ocurrió algo cuando lo leí, me sentí identificado con el asesino, como creo le ocurrió a muchos otros jóvenes tímidos cuando lo leyeron. Y es que yo también planeaba minuciosamente cada encuentro futuro, intentaba adivinar que podían decir y cómo, y qué podía yo responder; y al final, nada salía bien. Porque en el fondo, la gente que imaginaba funcionaba como yo funciono, reaccionaba como yo reacciono, y lo más importante le importaba mi vida, mi historia y mis intereses tanto como a mí mismo. Pero la triste realidad es que a nadie le importa tanto la existencia de otra persona, y mucho menos la mía. Así que un día llega esta mujer que uno ama y por la que uno se siente comprendido, y uno se deja llevar por la fantasía de no ser un ser solitario en un túnel en el que apenas se puede ver el mundo a través de ventanas, porque sí, uno está solo, y sí, es difícil, pero esta persona está allí del otro lado y puede hacer el camino con uno, y la soledad se mitiga, y uno es comprendido y acompañado y querido. Y eso era María para el hombre del túnel, Juan Pablo Castell.
Así que sí, lo comprendía, y se lo dije a un amigo. Y él, emocionado con la idea, decidió hablar, ante todo el salón, de como yo era también un solitario y asesino en potencia y cuanto le había ayudado verme a mí en el lugar de Juan Pablo a entender el libro. Y fue una experiencia vergonzosa, pero me enseñó a ver los libros de otra manera, a no buscar libros por sus autores, sino por la sensación que me producen algunos de guardar dentro de sí versiones posible de personas que quiero. Y eso me cambió la vida, porque no volví a sentirme solo cuando estoy con mis libros, allí están mis mejores amigos, mis otros yo, los padres que siempre quise tener, los hermanos que nunca nacieron, las hijas que deseo y a veces la mujer que quiero que me acompañe el resto de mi vida.
Entonces sí, a mi la literatura me cambió la vida, y tal vez no tenga un primo mayor que me haya enseñado cosas de la vida, y tal vez mis abuelos nunca fueron muy cultos ni se sabían leyendas que contarme, tal vez mis primos me resultan extraños porque sus actividades juveniles no me interesan, y tal vez nadie quiera escuchar mi historia, pero creo que soy un buen hombre, soy sociable, amable, me gusta hacer reír a la gente y hay quienes me quieren, y todo lo debo a los libros.
Eligiendo a cual puerto enfilaré mi navio, consciente de que el mar es una amante caprichosa, eligiendo a mis compañeros de viaje, guardando mis tesoros en mi equipaje, sin prisa pero sin tardanza. Mi brujula y mis armas estan listas, que vengan los ciclopes y los ciclones, el viaje empieza ahora, y terminará cuando lo haga el camino.
lunes, 18 de junio de 2012
martes, 8 de mayo de 2012
Sobre actuar
Me supe conquistado por el placer de ser aplaudido desde esa primera ocasión, cuando a la tierna edad de 9 años, me paré al frente de un salón repleto de niños de mi edad y declamé la fantástica, triste e irónica historia del medico a cuya consulta llega un hombre pálido y triste, que con profundas ojeras, y voz temblorosa y profunda, declara que no tiene más familia que sus tristezas y que nada le causa encanto ni atractivo.
Al final el medico, sorprendido pero tranquilo le dice: no debéis acobardaros, tomad hoy por receta este consejo, viendo a Garrick podréis curaros. Él podría curar al hombre, era el más grande actor, el más grande comediante de todos los tiempos, y por eso, entendiendo la ironía de la situación, yo a pesar del miedo que sentía, sonreí al decir las ultimas palabras: Así, no me curo, yo soy Garrick, cambiadme la receta. Vino el silencio, la expectación de oídos que querían saber más, una voz en mi mente diciendo: carajo, no entendieron o no les gustó, ve a sentarte, hazte el dormido y olvida esto, fue divertido mientras duró. Pero aplaudieron, fue el más grande aplauso que recuerdo, y me produjo un placer que no puede obtenerse de otras cosas.
No había elegido el poema porque me sintiera identificado con el personaje, no entonces, era un chico tímido, sin amigos, que rara vez hablaba en publico y hubiera hecho cualquier cosa por no tener que pasar al tablero jamás. Mi tristeza no era algo que estuviera oculto del mundo, y tampoco era muy bueno en hacerlos reír. Lo elegí por casualidad y astucia; la parte de la casualidad es que era uno de los poemas que más me gustaba de el libro en que lo encontré, pero también hubiera podido probar mi suerte con Volverán las oscuras golondrinas o El brindis del bohemio; la parte de la astucia es que tenía que declamarlo en un concurso y supuse que al ser más largo habría menos dificultades en quedarme con el premio, porque mis compañeros eran algo bobos y perezosos, así que ninguno iba a aprenderse un poema difícil.
Como decía era primera vez me supe conquistado, en particular porque actuar era para mi algo natural, y además era excepcional para mi corta edad como lo descubrí haciendome pasar por ciego para lograr que me llevaran de la mano hasta mi casa. Para muchos actores la vida y la representación son una sola cosa, y es allí donde reside el peligro, un actor no es como una pantalla de computador que abre ventanas a otras personas y experiencias sin transformarse. el actor es un médium, como esos que canalizan fantasmas, son canal, mensaje y emisor al mismo tiempo, deben abrirse a la posibilidad de ser otra cosa cada vez que representan a un nuevo personaje, igual que los espíritus del médium, los personajes del actor deben volver al éter del que vinieron, pero nunca lo hacen enteros.
Hay personajes complicados de representar, esos que requieren que uno abra las puertas que uno quiere mantener cerradas son los peores. Hace un año me pidieron representar a uno de ellos, y me sentía listo para hacerlo. Sí, significaba volver a buscar una parte de mí que me dolió encerrar y ahogar, pero estaba dispuesto a hacerlo, dispuesto a aceptarla y vivirla. Pero no fui capaz, porque sé que no podría abrir esa puerta, y abrazar a esa parte de mí y no perder el control. Y no es que no quiera volver a ver el mundo de esa manera, no es que cuando fuí esa persona no haya sido feliz. Lo fuí, pero también he sido feliz sin ella, y sin una verdadera motivación no estoy dispuesto a quemar la ciudad que me he construido.
Actuar es algo que me encanta, pero es un juego peligroso.
martes, 1 de mayo de 2012
Hey.
He sido flexible, toda mi vida.
Creo que lo mejor es propiciar siempre un buen ambiente, uno donde los otros puedan sentirse cómodos de decir lo que quieren y yo también. He sido flexible y esperado, cuando me has pedido esperar, aunque lo unico que quería hacer era verte todos los días, fui flexible y paciente, te esperé, dos semanas, un mes, dos meses.
He sido flexible y he entendido tus miedos y necesidades, claro, no puedes terminar de salir de esa relación que tuviste, lo entiendo, lo entendí, tienes miedo de que tus amigos y amigas no me aprueben, lo entiendo, no soy una moneda de oro, y objetivamente, podrías andar con alguien más bello que yo, mucho, soy comprensivo y paciente, puedo aceptar no conocerlos aún, no saber nada de tus padres. He sido flexible y amable, te he escuchado, he disfrutado al hacerlo, no me quejo; siempre fui amable, pude comprender que me escondieras, que me abandonaras cuando te daba la gana y regresaras cuando quisieras, fui amable y estúpido.
He sido flexible, y he intentado entenderte, ver tus razones, buscar tus razones, inventar tus razones. Me adapté al trozo de tu mundo en que me dejaste habitar, dejé mis cosas en la entrada, sólo llevé mis ojos. Fui flexible y me doblé sobre mi mismo para que pudieras acompañarme en ese rincón de tu mundo que era nuestro.
Y cuando quise partir, aburrido, adolorido e insatisfecho, me dijiste quédate, y amable, flexible, paciente, comprensivo, me quedé.
Volví a colocar mis ojos en su estante y sentado en mi rincón te llamé a mí, para oírte, para acompañarte, para tenerte conmigo. Y me dijiste de nuevo espérame, y pasó un mes, y dos meses y tres sin saber de ti. Y he sido flexible toda mi vida, me hice a la idea de tu ausencia, me acomodé a ella; pero estoy cansado de ser amable, de ser paciente, de ser un idiota, y sobre todo cansado de tu silencio. Así que renuncio, te devuelvo tu puto rincón, y un ojo, el otro me lo llevo ahíto de recuerdos.
lunes, 16 de abril de 2012
Del desorden
Desconfío de las personas que son ordenadas cuando no tienen la necesidad de hacerlo. De esos que nunca desempacan del todo, que viven restrictivamente, ellos sólo pasan de empacar su vida en pequeños recipientes, cajas, maletas y bolsos a espacios mayores, pero igual de restrictivos, el closet, la mesa, la biblioteca. Quien mantiene el orden no busca otra cosa que tenerlo todo a mano el día en que decida huir. En cambio nosotros, los desordenados, vivimos expansivamente. Mantenemos objetos en todas partes, guardamos El Quijote en la cocina, la ropa bajo la cama y nuestras maletas cerca de la puerta, listas para correr a otro lugar, donde seguiremos expandiendo nuestra vida. No llenamos los bolsos y las cajas con nuestra vida, porque ésta desborda las restricciones y al final siempre nos vemos obligados a dejar atrás razones para volver.
domingo, 1 de abril de 2012
How i stopped being suicidal
So, i've been suicidal ever since I remember, I lived in an apartment on the rooftop of this old and ugly building, a sixth floor. And I used to club to the highest point and look down to the streets and think about jumping, because in my whole neighborhood there were only two more kids, one of them studied with me and was kind of a bully who hated me, and the other kid was his best friend. In the classroom i really had no real friends and my classmates named me "dumb" because I had as they said a dumb face. That would have been ok, since yeah, maybe i did. But the nickname caught so well even the teachers referred to me in that way. I wanted to die, and i tried to cut my veins once, did it wrong 'cause I was young and stupid.
I don't remember being happy but once, but more about that later. I was taught by my father that I was a fat, ugly, stupid and unlovable person, and he kept saying this things my whole life. And i may rationally know that it's not all true, but I do feel like he was right. So every time somebody would be interested in me, or a great opportunity presented, my insecurity drove them away. Right now I don't have any pets, i used to have a cat but was stolen, or killed by my family, IDK; ever single cat and dog I've had has disappeared from my house. And my only friend is this cousin who kind of listens to me, but we haven't had a good conversation in months.
My family does think that i'm a big loser, and they have said it to me loud and clear. You see, i'm really smart, so I was selected as one of the best students in my country and won an scholarship, so i had the chance to study in another city, away from my family. But the sadness, loneliness and absence of self love, got me expelled from the university. And now it's been 10 years since I finished my high school, and have not been able to graduate of anything.
I've never had a girlfriend, i'm 28, almost 29 and I've been single my whole life. The only person i have kissed was a boy back when i was 7, and not because we were in love, but because shit happens and he had to kiss me. I went to a shrink last year and he gave this drugs that were supposed to help me with anxiety and depression, but really only made me fatter, which made me more anxious and more depressed.
But then, about five years ago I was willing to really kill myself, had it all planned out, even had set out a date, november 14. About a month before, I met this girl who was like an earthquake, kind of a wild crazy godess. So I fell in love with her and she though i was a good person to be friends with. We were both really alone, her best friend died of some shit that killed him in three days or so. So a week before november 14, I told her that I was really happy to had met her because I was gonna die soon and she, her memory, was going to help me die happier. So she said this to me: Don`t die, ever. Promise me you'll never die, because I could never survive losing you too. She was crying dude, so I told her that I would not die, ever. So on my day to die, i didn't, i cut all my hair, and saved my head, and went to see a movie with her. And to this day I have been able to stay alive, and honor my promise.
She eventually left my life, ok, i kind of kicked her out of it, and I regret it. So I went back to be alone, but this day I fell in waterway in my city, trying to save a dog, and the dog atacked me. This was a big dog and I realized that it was willing to kill me, and was quite capable to do it too. So I fought it, like a ninja. Got some bruises, and cuts but was pretty ok. And I realized that I didn't want to die anymore. So yeah, what i wanted to tell you is: I met someone I loved and promised her to live. So even though sometimes I feel depressed, unadequate and alone, I keep on living because I promised, and because when the shit passes the days are clearer, shitty and smelly, but clearer.
Si leiste todo, me alegra, porque esto lo escribi para ti y sólo para ti existe. Me es dificil hablarte, ¿sabes? Porque siento que ahora tienes toda una nueva vida, y no soy parte de ella, lo que me parece adecuado. Pero transformaste mi vida por completo, para bien y para mal, y creo que fuera de hacerte compañia, no pude hacer más por ti. Niña, no sé si el cariño se mantiene a través del tiempo y el espacio, pero quisiera decir que te quiero sinceramente porque te quise sinceramente. Y sólo tengo una queja, algo que puedo entender y aceptar pero que me dolió, ver que las entradas de tu blog de la epoca en que eramos dos en la ciudad ya no existen.
lunes, 27 de febrero de 2012
Maneras de perder la cordura 1.
Enamorate. (2007)
A veces el loco obsesivo que llevo dentro me molesta mucho más de lo querría. Es muy bueno jugando ajedrez, y seamos sinceros ese juego siempre me ha parecido un poco tonto. El yo obsesivo de vez en cuando me gana la partida, y sale a la luz publica, sus dedos se agitan en el aire mientras anhela tocar el teclado, prueba aún antes de que el computador termine de prenderse la manera en que escribirá el nombre de usuario, presionara tab y luego la clave; revisara de manera presurosa pero concienzuda todo el correo, todos los correos, mirará el celular pensando que tal vez podría llamarla, todo parece tan sencillo.
Pero entiendannos, él es el obsesivo, yo soy el dizque funcional, me necesita para hacer cosas tan sencillas como hablar por telefono sin asustar a su interlocutor. Por eso no hace nada. El sólo piensa en ella, vive por ella; y no deja de preguntarse si leía mal las señales, me mira como un niño lastimado temiendo decir lo que piensa, esperando que no me sienta insultado cuando me pregunte si existe la posibilidad de que yo haya confundido las señales, yo el maestro de la interpretación, yo el funcional, yo el que entiende un poco el ritmo de lo social. Nunca lo dice, pero yo sé que lo piensa, sí.
Pero la conclusión es que estuvimos en lo correcto. Y ella ha decidido ignorarnos por puro orgullo, pero él tambien es orgulloso. Jamás reconocería que es su culpa que ella se alejara... sí, podríamos perder la cordura esta noche, pero no lo haremos, porque ella nunca se enteraría, y así no vale la pena.
domingo, 26 de febrero de 2012
Capitulo 4. Corazonadas
Que nos maten —dijo ella— tengo hambre y no pienso irme hasta haber comido algo. En ese momento, Jorge tuvo la corazonada de que esas serían las últimas palabras que escucharía de su boca. Se apeó y sentó en la mesa, —que nos maten— dijo en voz baja varias veces. Miraba con suspicacia las personas que se acercaban al restaurante; era tarde, y todos parecían ser clientes habituales, ninguno tenía cicatrices extrañas, ni olía a vinagre. Se relajó.
Para pasar el tiempo, la observó detalladamente mientras comía, tenía los labios manchados de mostaza y salsa de tomate, ambos colores se juntaban en sus labios, que parecían besar burbujas, como si fueran un labial. La vio introducir la hamburguesa de nuevo en su boca y masticarla mientras un pequeño y casi imperceptible hilo de saliva se le escapaba por la comisura izquierda de su boca. Como todo un caballero, tomó una servilleta, y la puso entre los dedos de ella, aprovechando para acariciar, de una manera que le pareció lasciva, su dedo corazón.
Ella sorbía la gaseosa coquetamente, o eso pensó él; inclinaba la cabeza un poco hacia el frente; alargaba los labios como buscando a tientas una boca, pequeña, en la oscuridad; giraba los ojos hacia arriba para no perderlo de vista, y su cabello caía de manera tierna a los lados, enmarcando su mirada. Pensó en besarla, y sintió de nuevo su corazonada oprimiéndole el pecho. Ella no había dicho nada más desde su negativa a partir.
Espero que estés satisfecha –ella sonrió— porque ya deberíamos irnos. Ella se levantó en silencio, abrió su cartera, y extrajo el paraguas, una navaja suiza oxidada, la bolsita del maquillaje, un cepillo de dientes y un pequeño monedero. De éste último, extrajo un billete doblado que examinó detenidamente, como si intentara recordar dónde lo había obtenido, antes de usarlo para pagar su cena.
No estuvo bien –se dijo Jorge– debí haber pagado yo, es casi seguro que luego va a reclamarme haberla obligado a usar su propio dinero para algo tan banal como la alimentación.
Tras recibir el vuelto, Laura volvió a guardar su monedero, miró a Jorge y cuando éste le devolvió la mirada, ella extendió todos los dedos de su mano derecha hacia el cielo, y le enseño la palma de su mano. Dos nuevas corazonadas se dieron cita en el corazón de Jorge mientras asimilaba el gesto y veía a Laura dirigirse al baño.
La primera y más fuerte corazonada fue que ella estaba molesta con él. En consecuencia, se escaparía por la ventana del baño, correría por la calles vacías de la ciudad a la media noche, sería abordada por un grupo de bandoleros, con cicatrices y olor a vinagre, que le robarían el dinero y la ropa. Luego, viendo su cuerpo atractivo y sus labios rosados que parecían besar una burbuja, alguno de los hombres, probablemente el líder o el segundo al mando, le soplaría algo en la nariz que la dejaría inconsciente por un par de días. Claro que nada serio le pasaría -la corazonada no era de ese tipo-, ya que en el preciso momento en que el sucio bandido fuera a intentar violentar el cuerpo de Laura, un par de policías llegarían al lugar. Bang Bang. Dos, tres disparos y los villanos correrían como liebres asustadas por los callejones entre las casas. Dos cuerpos yacerían en el piso, el de ella, que se estremecería, a pesar de su inconsciencia, por el frio de la madrugada en la ciudad y por el pudor de saberse desnudo. Y junto a ese, un segundo cuerpo, el del malhechor que pretendía irrumpir violentamente en el territorio sagrado de su sexo.
Lo peor es que un par de días después, él debería escuchar toda esta historia como si no la hubiera presentido, como si no hubiera podido evitarla. Y nada le habría ocurrido, él lo sabría y ella también, si él hubiera pagado como se esperaba que hiciera.
La segunda corazonada era más pequeña, pero le hizo estremecerse por dentro como un flan. Ella se resbalaría en el baño mientras se lavaba la boca, su cuello encontraría algo duro en su caída, una taza de inodoro, un lavamanos, un escalón, una jirafa ornamental, la manija de una puerta. El golpe la dejaría inmediatamente parapléjica, o muerta. Y él tendría que hablar de ella en su funeral, o cuidar de ella durante los siguientes años, que podrían, fácilmente, ser toda una vida. Y él no estaba listo para una relación a tan largo plazo.
Asustado por sus corazonadas, Jorge corrió hacia baño de las mujeres. Tomó el pomo de la puerta y miró sus dedos. Algo enrojecía una de sus uñas, olió su mano, era salsa de tomate, la lamió, y secó su mano en el pantalón. Notó una ligera opresión en su vientre, y la necesidad imperiosa de mirarse en un espejo. Dió la vuelta e ingresó al baño de hombres. Se lavó la cara y orinó, le gustó la limpieza del lugar. Sólo entonces, cuando ya se sentía más relajado y valiente, volvió a agarrar, de manera decidida y firme, la manija del otro cuarto de baño entre sus manos e intentó girarla. Tenía seguro.
Pensó en Laura que yacía en el piso, y notó una sustancia húmeda bajo sus zapatos. Supo que los lavamos rebosaban e inundaban el baño. Laura, tendida sobre las baldozas que solían ser blancas, se ahogaría. Laura moriría esa noche, esto es, a menos que hubiera escapado por la ventana. Jorge necesitaba saber qué había ocurrido. Las corazonadas le pesaban como una piedra en la boca del estomago. Pateó la puerta. No se abrió, pero una voz familiar contestó al golpe desde adentro con un grito, y una larga lista de palabras soeces.
Jorge no podía creer que tales expresiones pudieran brotar de la tierna boquita de Laura. Entonces, casi al mismo tiempo, se hizo silencio en el local. Todos los clientes, como presintiendo lo que podría ocurrir se quedaron quietos como estatuas, oyeron las palabras que resonaban en las paredes, y vieron al hombre que tomó por el brazo a Jorge.
Él no había pensado en las posibles consecuencias de su patada.
Cuando la mano extraña sujetó a Jorge por el antebrazo, su primer instinto fue gritar; el segundo, morderla; el tercero, golpearla y salir corriendo, y el cuarto, llorar. No hizo ninguna de estas cosas pero sus ojos se aguaron. Se mantuvo en silencio mientras se dejaba arrastrar hacia afuera.
No queremos hacer shows, así que te dejo sano, pero como vuelva a encontrarte por aca, te convierto en titular de El Espacio –le dijo el hombre, y Jorge asintió comprensivo.
Y no te preocupes por la puerta, queremos reemplazarla por una más bonita. Pero creo que sería un buen gesto de tu parte, un gesto amistoso incluso, que hicieras una colaboración con el fin de facilitarnos su compra –El hombre sonreía, y tras poner su inmensa mano izquierda sobre el hombro de Jorge, acercó su mano derecha moviendo sus dedos como si lo llamara.
Cuando Laura salió, Jorge ya la estaba esperando, listo para irse. Ella se sentó junto a él, puso su mano en su hombro. Le dió un pequeño beso en la mejilla, y dijo –Ésta ha sido una de las noches más divertidas de mi vida, a pesar de todo. Deberíamos hacer esto más a menudo–. Él la miró sonriente, se detuvo un par de segundos en sus labios. Y tuvo la corazonada de que no era sincera. Pero decidió seguirle el juego, porque ¿qué era lo peor que podría pasar?
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